Diario escrito por: Lorena Briedis
Desde la Orivesi Collage of Arts de Finlandia
Durante el #IntercambioEdEOrivesi
Del 18 de enero al 18 de marzo de 2016

Risto Ahti

8 de febrero, 2016

facebook-risto-ahtiSupongo que para empezar a hablar en serio sobre por qué me viajé al polo norte hace ya tres semanas, tendría que presentarles, entonces, al hombre que me vine a seguir hasta aquí. Este mismo es: Risto Ahti.

A Risto lo conocí en mayo de 2013, en el simposio de la Asociación Europea de Programas de Escritura Creativa (EACWP). Antes de partir a Finlandia, en una de las reuniones preparatorias del viaje, Javier Sagarna —el director de la Escuela de Escritores— me introdujo a Risto en un modo que sentí, casi, como una advertencia: «Vas a conocer a Risto, el Maestro Jedi del Orivesi College of Arts». Creo que todo lo que pueda decir acerca de él, de ahora en adelante, no es más que una confirmación de ese lúcido epíteto y de esa necesaria advertencia.

Ya en Orivesi, en vísperas de la conferencia que Risto iba a impartir esa tarde, recuerdo la potente impresión que tuve cuando Javier me lo presentó. Sobre todo, lo que más me maravilló fue su energía, una especie de aura vibrante y sonora. Desde entonces, me senté cada día a su lado en todas y cada una de las comidas: esa primavera de 2013 y, luego, el otoño de 2014 cuando volvimos a Finlandia para la II Conferencia Pedagógica de la EACWP. Desde entonces, nos hicimos amigos (o algo así) y yo quise hacerme su testigo, su discípula o su sombra —job shadow que dicen en inglés— (o algo así).

Para ayudarme con mi retrato hablado (por si os lo encontráis en la calle), diré que es un hombre de 66 años (Lahti, 1949) con «barba de Sócrates» —como dicen los alumnos del Oriveden Opisto—, calvo —solo a medias como veréis en la foto— y una boina negra de gabardina hecha en Andorra. Habla en parábola, come raciones de pájaro y sé que en verano le gusta ahumar salmón en calzoncillos porque esa primavera de 2013 lo sorprendí en su jardín en lienzos menores cuando fui hasta su casa de Tampere a despedirme.

A día de hoy, debo decir que le agradezco mucho a Javier que, aquella vez, me haya hecho esa observación porque para este tipo de encuentros, ciertamente, hay que estar advertidos, dado que se corre un peligro garrafal: no estar suficientemente despiertos. Es como cuando vamos a enfrentarnos a una verdadera obra de arte. Pienso cuando vi y escuché por primera vez el Tristán de Wagner en el Teatro Real de Madrid, por ejemplo, o cuando leí El bosque de la noche de Djuna Barnes: no saben cuánto agradecí que quienes me acercaron a ambas experiencias me lo advirtieran porque en estos encuentros, en estos descubrimientos que, de algún modo u otro, nos están destinados corremos siempre al borde de la muerte. Lo más seguro es que vayamos a morir, sí, pero, para redimirnos (quizá). Lo más seguro es que vayamos a morir, sí, pero para esclarecernos (tal vez). Y la falta sideral, lo cósmicamente imperdonable sería eso: no estar lo suficientemente despiertos.

Javier Sagarna, Reijo Virtanen y Risto Ahti en la antigua sede de Escuela de Escritores: febrero, 2011

Javier Sagarna, Reijo Virtanen y Risto Ahti en la antigua sede de Escuela de Escritores: febrero, 2011

En este sentido, la osadura psíquica y espiritual de Risto tiene ese carácter y esa maestría: la del maestro, la del chamán y la del artista. En él, puede reconocerse esa humanísima obra de arte que es la del hombre que se ha redimido a sí mismo y que, probablemente, ha conocido a su dios en el infierno. Y eso puede decirse a primera vista, mirándolo a los ojos: unos ojos ardientes y azules, encendidos por un fuego celestial. «Once, someone asked me —me contó en días pasados al salir de clases—: Risto, why are you burning? Why are you so full of fire? And I said: “I am full of fire because I don’t know why I’m full of fire»[1].

Este es Risto Ahti. Un poeta nacido del matrimonio entre el cielo y el infierno, un visionario como uno de sus ángeles: William Blake. Un hombre vivo, muy vivo —como Lorca, otro de sus duendes—, en fin, un hombre intensamente despierto, siempre en la caza del milagro. I’m not awake on purpose —dice en «Aria», uno de sus poemas de Narcissus in winter(like some citizen with tidy affairs): / I’m awake with the despair of superterranean love [2].

Este es el hombre por el que he hecho mi viaje hasta el polo y por el que me he venido a vivir aquí estos meses, en estos desiertos boreales del norte. No sé exactamente qué vine a buscar aquí, no sé qué se me perdió ni quién me mandó, no sé lo mucho o lo poco que pueda aprender de Risto, pero tampoco necesito saberlo.

En tal caso, prefiero intuirlo todo.

[1] Una vez, me preguntaron: «¿Risto, por qué estás ardiendo? ¿Por qué estás tan lleno de fuego”. Y yo respondí: “Estoy tan lleno de fuego porque no sé por qué estoy tan lleno de fuego” ».

[2] No estoy despierto a propósito (como un ciudadano con asuntos prolijos): / Estoy despierto con el desespero del amor supraterrenal.

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Este viaje está siendo subvencionado por los programas de movilidad de Erasmus+, agradecemos a la SEPIE la oportunidad que nos prestan de poder participar de una manera activa en un programa de formación europeo entre nuestros profesores. También agradecemos a la EACWP la gran oportunidad que nos brinda de cara al intercambio con otras escuelas europeas.

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