Para que el milagro de la creación suceda hay que desear.

Si coincidimos en que cada creación es un hecho milagroso y nos reconocemos creadores —basta con reconocer en nosotros el deseo de crear algo vivo: una novela, un relato, un poema, una canción—, entonces, automáticamente, nos situamos en la caza de ese milagro: la propia creación. No solo toda creación artística es un hecho milagroso, sino que la consteliza y la favorece una serie de tramas y sincronías de carácter artístico (un libro, una película, un concierto) y vivencial (un amor, un viaje, una muerte) que se expresa en nuestra vida como hallazgos inusitados, encuentros súbitos, relámpagos, temblores, febrilidades que, a su vez, tienen el potencial de transformarse en energía creativa, en auténtica inspiración. Fuelle y fragua del propio taller. Asimismo, todo deseo nos coloca en situación de búsqueda, de modo que esa búsqueda —la caza del milagro— sucede, como veremos, en la práctica de una escritura deseante: para que el milagro de la creación suceda hay que desear.

A lo largo de estas cuatro sesiones —diseñadas en torno al ars pedagogica del poeta finlandés Risto Ahti—, nos centraremos, en primer lugar, en reconocer y profundizar en nuestro deseo como creadores. ¿Cómo? Desde el inconsciente: (número uno) a través de las imágenes y símbolos que emergen en el acto soñante de la escritura y que arraigan en nuestra sensibilidad y, (número dos) a partir del acercamiento a nuestro imaginario en su tensa vibración entre pasado, presente y futuro, es decir, entre memoria, emoción y deseo. Asimismo, nos concentraremos en explorar nuestra naturaleza como creadores con el fin de potenciar sus excelencias y compensar sus miedos y, asimismo, en ensayar una serie de ejercicios más y menos chamánicos para contactar y catalizar nuestras propias fuentes de energía creativa y nuestra voluntad de trabajo.