I Concurso El periodismo es un cuento

Escuela de Escritores y el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER os proponen este verano un concurso de microcuentos en los que la actualidad será el germen a partir del que brotarán nuestras historias.

De la realidad a la fantasía, del periodismo a la literatura: cada martes, a las 10:30 de la mañana, el equipo del Hoy por Hoy seleccionará tres noticias que podréis convertir en una ficción.


Ganador

Marcos Belmonte Palacios
Noticia: La mujer de Berlusconni pide una disculpa pública
Ella le exigió en los periódicos que se disculpara y él se disculpó. Acudió a las emisoras de radio para pedirle más muestras de amor y él le envió joyas por valor de tropecientos millones. A través de la televisión, y en horario de máxima audiencia, le solicitó que volvieran a casarse y él volvió a aceptar. Mientras tanto, él seguía acostándose con su secretaria porque, cuando estaban en la cama, le susurraba cosas al oído.


Finalistas

Octava semana

Lola Sanabria García
Título: Decir no
Noticia: Crónica de una fiesta de solteros y solteras en un pueblo de Ávila
Desde chiquillos se convirtió en mi sombra. Yo le decía que no lo quería y eso le daba más alas. Aseguraba que cuando una mujer dice no, en realidad quiere decir sí. Consiguió espantar a todos los mozos que se me acercaban; unas veces convenciéndolos de que yo era su novia, otras con amenazas. Y así me planté en los cuarenta. Aquel encuentro de solteros en otro pueblo, me hizo concebir la esperanza de que conseguiría escapar de él. Antes de bajarme del autocar, lo vi a través de la ventanilla plantado en la plaza, esperándome. Me casé con él y dejó de perseguirme.

Soledad Sanchez Echegaray
Noticia: Entrada en vigor de la Ley antitabaco
Siempre le había gustado el riesgo. Su vida era un continuo sobresalto. Él era consciente de que a partir de ahora todo esto se iba a incrementar. No lo podía evitar, recapacitó y determinó que iba a seguir igual. Salió a la calle con un sombrero que le calaba hasta las gafas oscuras que se había puesto para no ser reconocido. Dobló la esquina y miró en todas las direcciones para asegurarse de que estaba solo. Había llegado el momento. Respiró hondo y con mano temblorosa sacó del gabán un cigarro y lo encendió.

Luis Antolin Jimeno
Noticia: Inauguración de los supermercados Tiburón
La cesta con ruedas y asa larga para no tenerme que encorvar y así, bien tieso, paso entre la fruta y la verdura sin parar: para que no se aplaste, la cogeré al final. En los extremos de los estantes están las ofertas, cantos de sirena. Hasta el fondo, pan y bollos, y volver, el paso medido, cojo Coca-cola, qué rica con ron salió de La Habana rumbo a Nueva York. Ginebra, será buena si hizo centenaria a la Reina Madre; putatitas fritas pidió el cura al oír a Sofía pedir un curasao; plátanos y aguacates en la cabeza Carmen Miranda. ¿Y el tomate? ¿Qué culpa tiene? Hoy no llevo que están jodios.

Séptima semana

Isabel González González
Noticia: Crónica de Woody Allen en Asturias
Me casé con mi marido porque se parecía a Woody Allen. Mi marido, que nunca va al cine, es un gran científico y piensa que me atrajo su capacidad de deducción. Lo que de verdad me sedujo fueron sus balbuceos. Me importa poco que haya descubierto tal o cual plásmido. El día que derribó las probetas cuando entré en su laboratorio, le pedí matrimonio. Él, él, bueno, en fin, de acuerdo. Desde entonces, le compro americanas de paño y la gente le pide autógrafos por la calle. Mi marido me dice que confía en la inteligencia del homo sapiens. Yo le contesto que a veces, según la película que pongan.

Soledad Sanchez Echegaray
Noticia: Pieza inspirada en el Estatut catalán
El astuto estatut se agazapa en la madriguera. Ralentiza su respiración hasta hacerla imperceptible. La liebre desconfía, pero el aroma de las jaras en flor impide oler el peligro. Baja las orejas y prueba la hierba. El astuto estatut se avalanza y la tumba de una tarascada. Entonces aparece el hombre del maletín “gracias a las negociaciones previas le corresponde el muslo y los higadillos pero debería de revindicar otra liebre por cada liebre cazada o por lo menos las patas izquierdas y los sesos”. La liebre aprovecha la disertación para correr hacia las flores silvestres de la rivera del río.

Luis Antolin Jimeno
Noticia: Inauguración de los supermercados Tiburón
La cesta con ruedas y asa larga para no tenerme que encorvar y así, bien tieso, paso entre la fruta y la verdura sin parar: para que no se aplaste, la cogeré al final. En los extremos de los estantes están las ofertas, cantos de sirena. Hasta el fondo, pan y bollos, y volver, el paso medido, cojo Coca-cola, qué rica con ron salió de La Habana rumbo a Nueva York. Ginebra, será buena si hizo centenaria a la Reina Madre; putatitas fritas pidió el cura al oír a Sofía pedir un curasao; plátanos y aguacates en la cabeza Carmen Miranda. ¿Y el tomate? ¿Qué culpa tiene? Hoy no llevo que están jodios.

Sexta semana

Raúl Elena Calvo
Noticia: Crónica del ataque de Irak a Israel de 1991
Volví a las tres. La luz estaba encendida. Me miré en el espejo y me olí las manos y el pelo. Mi madre estaba en el salón mirando la radio sin pestañear. No me vio hasta que tropecé. Hice mil pedazos el jarrón.
─No hagas ruido.
─Lo siento…
─Calla ─dijo─, ha empezado.
─¿Ha empezado?
─La guerra. Hay armas químicas, cariño; veneno en el aire.
Me corté recogiendo cristales. Ella seguía mirando la radio con los brazos cruzados. Fui al cuarto de mi hermano y me senté frente a los títulos y las cámaras viejas. Faltaba la foto que mi madre estaba exprimiendo contra su pecho en medio del salón.

Alexis López Vidal
Noticia: Coche volador en forma de platillo volante
Scotty Burrows es un buen muchacho, todos en Maine lo saben. Scotty puede ayudarte a llevar las bosas desde la tienda de ultramarinos de Paul Donahue hasta el coche, y te devolverá una sonrisa si se lo agradeces con una lata de cerveza. Scotty la apurará de un trago, se despedirá mientras saluda con la mano y se dirigirá en busca de otro a quien ayudar a cambio de un trago. Ese es el único problema de Scotty Burrows, sobre todo cuando un platillo volante cruza la carretera a toda velocidad. Scotty contará lo que ha visto, pero sólo obtendrá una nueva lata de cerveza.

Ángeles Jurado Quintana
Noticia: Erupción del volcán Popocatépatl
El último dragón del planeta roncaba aquella mañana de agosto bajo su caparazón de escamas plateadas. Llamaradas tibias se le escapaban de entre las fauces entreabiertas, junto a salivazos quemones y nubecitas de vapor transmutadas en borrones sulfurosos, que escapaban hacia el cielo púrpura, mordido por las montañas. El último dragón del planeta estaba a punto de despertar, tras varios años de sueño. A su lado, en las profundidades del Popocatépetl, San Jorge afilaba su lanza, rencoroso, al tiempo que buscaba un punto débil en la piel verdosa de su lomo.

Quinta semana

Corinne Navarrete Catalán
El primer día sin luz fue hasta divertido. El segundo día sin luz empezaron las incomodidades. El tercer día bajamos a buscar comida. El cuarto día los jóvenes pintaban las paredes. El quinto día, pillajes. El sexto día se hicieron hogueras en las esquinas. El séptimo día nos organizamos en pequeños grupos. El octavo día despertamos y los dinosaurios recorrían las avenidas.

Alfred Quiles Peiró
Título: Lloviendo hostias
─Ahí afuera hay madera para aburrir.
─No sabía que eramos tan importantes.
─¿Vas a salir con esa pinta?
─¿Tienes algo en contra de AC/DC?
─Dios me libre, pero ponte encima la casulla.
El padre Félix agarró el ostensorio y ensayó poses solemnes.
─Míralo, si parece Jeremy Irons.
─Yo soy más guapo. Avisa a los chavales.
Los dos curas se abrazaron y se dirigieron a la puerta de la parroquia.
─Aquí van a llover hostias─ masculló el padre Luciano al oído de su colega.
Un acceso de risa floja sacudió el cuerpo del cura. Apenas notó el primer golpe de porra.

Antonio Anasagasti Valderrama
Mi padre se encaramó en el Arco del Triunfo y colocó una bandera rojinegra. Cuando bajó, mamá lo persiguió con la mirada entre la multitud de estudiantes y obreros y no paró hasta que consiguió estar a su altura. Ella, con su acento extranjero, piropeó su valentía. Él, lleno de vanidad, señaló una pegatina de su solapa con la frase “prohibido prohibir”, y, aún si conocerla de nada, besó su boca y la citó a las ocho en una barricada del Barrio Latino. Al volverse a encontrar, se refugiaron en la trastienda de la librería española, a la espera de la carga policial. Allí, fui concebido.

Cuarta semana

Belén Fernández Sestelo
Valentina entró en la cafetería, buscó un lugar cerca de la ventana, dejó la gabardina en el respaldo de la silla y se sentó. Sacó un espejito y observó con desmayo su reflejo: el trabajo le marchitaba el rostro. Suspiró al acordarse de su ex marido y de su hija, a la que no veía desde hacía dos años. Miró a su alrededor. Tardó unos segundos en reconocer al individuo que estaba sentado en el lado opuesto del local. Es guapo y joven, pensó con fastidio. El hombre apuró el café. Beberlo de golpe le sentará mal, vaticinó ella, y casi sonrió por la ironía. Se reclinó y se preparó para verlo morir.

Pedro Peinado Galisteo
El vapor se condensa en una nube de presentimientos. La cuchara gira ensimismada. Pierde de vista la madre un pedazo ovalado de mandioca. Si sale a flote, piensa, si en la próxima vuelta asoma.

En el corral, tres cabras de alambre languidecen bajo sombra. Las moscas hacen fiesta. El padre ordeña. Piensa el padre, si esta mosca echara a volar, piensa, si volara en tres, dos, uno.

Ronca la tormenta. Cuarenta hombres y diez mujeres se encogen en el cayuco. El hijo aprieta los ojos y reza lento. Piensa, si el trueno se escucha, piensa, si mientras dura la oración se escucha un trueno…

Isabel González González
Llevaba rato sin oír a los niños y me acerqué sigilosa a espiarlos. ¡Increíble! Habían construido una nave espacial con dos sillas y una sábana y se habían metido dentro. Además, todos los cascos eran distintos. Marina llevaba un cubo pintarrajeado; Juan, una caja de cartón y Sergio, una canasta de baloncesto puesta del revés. Para comunicarse usaban vasos de plástico. Pero hablaban y reían bajito porque temían que yo los descubriera y les obligara a abandonar su viaje. Entonces no me atreví y ahora no sé si obré bien. Se han hecho demasiado grandes y cada vez les cuesta más encontrar postura.

Tercera semana

Lola Sanabria García
Titulo: Prohibiciones
Intentó pasar al otro lado por encima de la verja, pero sólo consiguió heridas y moretones. Hizo una huelga de hambre que no duró más de un día. Recurrió a “la mediadora”, y la situación empeoró. Incluso se paseó con una pancarta al cuello. No obtuvo resultado alguno. La noche que cumplió quince años, después de cenar, el padre le pidió que lo acompañara y abrió la cancela. “Puedes darte una vuelta”, dijo. Él se quedó mirando largo rato el espacio sin rejas con las manos en los bolsillos; después entró en la casa.

Lydia San Miguel Otacar
El coche la conducía hacia el lujoso hotel. Llevaba su mejor vestido y el pelo recogido. Se iba a encontrar con mucha gente preparada para la ocasión, aunque ella sabía que era superior a cualquiera de los allí presentes. Estaba nerviosa, pero no dudo ni un segundo cuando, amablemente, el portero abrió la portezuela del vehículo. Camino segura hasta el hall, echó un vistazo rápido y lo vio. Era el cartel, con una flecha hacía la derecha, que indicaba: “Prueba selectiva de personal de limpieza”.

Pedro Peinado Galisteo
Con el día cumplido, la familia se pone cómoda. Mamá arroja al lavabo y desenreda la espesa barba morena con la que ha demostrado, una jornada más, que su rendimiento no se diferencia del de sus compañeros varones. Greta, la hija, se despega unas tetonas de látex con las que por fin ha logrado que Dani el Guapo casi la salude. Enredado en las mallas del Hombre Araña, Oscarín ha dado esquinazo al matón de pasillos de 2º C, Iván Gómez Gómez. Papá, sacándose la careta de payaso y la pipa de coña, piensa que la vida es una porquería. Después, alrededor de la mesa, comparten sus éxitos y el botín.

Segunda semana

Pedro Peinado Galisteo
Eran las once de la noche cuando se fue la luz. El llanto del niño coreó los sollozos de su hermana. Maldije a esas madres demasiado aficionadas a los cócteles. Traté de calmarles: vamos, chicos, tranquilos, os prometo que volverá enseguida… Con una linterna localicé un enorme candelabro. En sus miradas había terror, pero también algo de alivio. Hice memoria de mis juegos infantiles. Unos minutos más tarde la televisión rebuznó insolente una carcajada enlatada y los chicos dejaron de prestarme atención. Entonces terminé el trabajo y me escabullí por la misma ventana por la que había entrado.

Marcos Belmonte Palacios
Ella le exigió en los periódicos que se disculpara y él se disculpó. Acudió a las emisoras de radio para pedirle más muestras de amor y él le envió joyas por valor de tropecientos millones. A través de la televisión, y en horario de máxima audiencia, le solicitó que volvieran a casarse y él volvió a aceptar. Mientras tanto, él seguía acostándose con su secretaria porque, cuando estaban en la cama, le susurraba cosas al oído.

Pina Jaraquemada
Es una noche muy larga. En la mesa hay aparatos que no entiendo. Ellos sabrán lo que hacen, yo sigo en silencio para no estorbar.
─¡En el espejo!─ dicen.
Sus miradas y los cables no tardan en localizar el lugar. No hay nada.
Antes estaba tranquila, ahora tengo miedo. Me levanto y miro a través de mis manos el recuerdo azul de los zapatos de baile. Busco los ojos del que tengo al lado y él atraviesa mi mirada sin hacerme caso. Estoy nerviosa. Observo que más allá del balcón entreabierto aún es noche cerrada, no quiero verlo, no me gusta la noche. Cierro los postigos.
─¡En la ventana!

Primera semana

Pablo José Malagón Manzaneque
Siempre he sido un desastre en puntualidad. Cuando las señales horarias acompañaron el comienzo del informativo de la SER, fui consciente de que llegaba tarde a la cita. Con el sonido de la radio como un eco de compañía, me vestí lo más rápido que pude. Bajé los escalones de tres en tres y me presenté en el restaurante con el aliento perdido. Ella ya estaba sentada en su mesa, miraba al frente y sujetaba una cerveza. Parecía absorta. Me senté frente a ella y pedí perdón. Sacó los auriculares de sus oídos y me miró displicente. \”Es igual\”, me dijo. \”Carlos Llamas nunca falta a sus citas\”.

Marian Espejo Rubio
Título: Normas
Dejé la palma ensalivada de la mano en el aire. El revés de los cromos sobre la acera. Llegaba tarde. Salí corriendo. Subí una calle, doblé la esquina y entré en la mía. La casa, inalcanzable, lejana. Crucé el umbral sin resuello, a tiempo para escuchar las señales horarias en la radio. Mi padre esperaba con el cinturón sobre el respaldo de la silla. Mi madre salió de la cocina con la sopera temblando y los ojos húmedos. Nos sentamos a cenar en silencio. El reloj del Ayuntamiento iba adelantado.

Ernesto Ortega
Llevaba la camiseta rojiblanca con el 9 y se había peleado con sus amigos, porque decían que El Niño era un traidor. Cuando entró en casa, la mesa estaba puesta. Ni siquiera se quitó la camiseta para cenar. En el postre, el telediario confirmó la noticia. Ahí estaba El Niño con el color rojo de su nuevo equipo. Se levantó de la mesa, dejando el helado por la mitad, arrojó la camiseta al suelo y se encerró en su habitación. Algo más tarde, salió a por el spray de las manualidades y pintó todas las franjas blancas de rojo. Cuando se la probó, le pareció que no le quedaba tan mal.