I Concurso Microrrelatos de viajes

Este verano en Escuela de Escritores y el programa La Ventana de la Cadena SER escribiremos sobre viajes, formas de viajar y de vivir viajando. Sin prisas, convirtiendo nuestras experiencias en historias que cobren vida a través de un personaje y encontrando ese momento en el que, en mitad de un trayecto, todo cambió.
Durante cinco semanas os proponemos que nos enviéis microrrelatos de un máximo de cien palabras inspirados en maneras de viajar o de vivir un viaje. Estos serán los temas: carreteras secundarias (primera semana), motos (segunda semana), fiestas (tercera semana), bicicletas (cuarta semana) y peatones (quinta semana).
Los ganadores de cada semana verán su relato publicado en un espacio publicitario de la DGT en las páginas de El País Semanal. Además, el ganador final disfrutará de un curso en Escuela de Escritores.

Los miércoles a las 17:30 horas en La Ventana de verano, con Roberto Sánchez, tendremos tres finalistas y un ganador semanal que verá su relato publicado en El País Semanal. El 21 de agosto elegiremos al ganador final que disfrutará además de un curso en Escuela de Escritores. Recuerda que el texto no debe superar las cien palabras, tiene que llevar título y estar inspirado en el tema propuesto para cada semana.


Ganador

Semana motos
Mar horno García
Espejismos
Hace tiempo que abandonamos la moto y comenzamos a caminar hacia el norte. Creo. El horizonte flamea. Infinitas dunas doradas se extienden ante nosotros. Mariela se ha convertido en un cactus. Yo me siento ligero, arenisco, maleable. Un viento abrasador me agita y me va arrancando algunos dedos, el pelo, la nariz, una pierna, hasta que me siento montículo de polvo. Creo que todo ha terminado. Por fin, alguien coge el desierto y lo dobla como un mapa, con cuidado, por sus marcados pliegues. Lo guarda en el bolsillo. Allí se está más fresco. Un oasis, como otro cualquiera.


Finalistas

Semana carreteras secundarias
Paloma Hidalgo Díez
Golpes de arco
Nada más salir del pueblo, a la derecha de la carretera, una chopera se despide de nosotros, ¿verdad? Y a la izquierda los campos lucirán cenicientos tras la quema de rastrojos. Dos curvas pronunciadas y un repecho y estaremos en la llanura parcelada y rota por el cauce del río. El abuelo rebusca en su memoria más datos para mí. En el retrovisor, el dedo índice de papá sobre la boca, aniquila mis intenciones. Mejor que ignore que el progreso, el que le ha dejado ciego, también ha hecho brotar un peaje a escasos trescientos metros de aquí.

Semana fiestas
Miguel Ángel Escudero
Madurando sueños
El corazón le latía con fuerza llegando a su pueblo. Después de tantos años, se creía preparado para alcanzar la gloria. Había entrenado duramente: trepaba a todas las farolas hasta que colocó un poste en el jardín que escalaba treinta veces al día. Aquella noche, el octogenario Ramón Ruilobo alcanzó por primera vez el jamón en la cucaña. El pueblo le aclamaba. Sus viejos amigos de juventud levantaban las garrotas. A Herminia, su amor adolescente, le brillaban los ojillos envueltos de arrugas. Acabadas las fiestas, un bombero subido en una escalera intentaba convencerle; Ramón prolongó su sueño ofreciéndole lonchas.

Semana bicicletas
Xavier Blanco Luque
Origami
Mamá se pasa el año cocinando, limpiando la casa, comprando, también plancha y nos ayuda en las tareas escolares. Papá llega y se sienta en el sofá. Este año hemos alquilado un apartamento en la playa. Ayer estábamos cenando y mamá dejó de servir la sopa, nos miró a los tres y empezó a contorsionarse: primero flexionó los brazos, luego se inclinó, se volvió de espaldas, dio un giro y después otro. Se desplegó, hizo otra contorsión y una vuelta completa, hasta acabar convertida en una garza de papel. Ahora sobrevuela las azoteas mientras papá la persigue, lloroso, en bicicleta.

Semana peatones
Yolanda Nava Miguélez
El hechizo
Mis súplicas han dado sus frutos y pasaré un día entero en la ciudad. Veré los rascacielos que tantas veces he admirado desde la distancia; sentiré bajo mis pies el duro asfalto y exploraré sus intrincados laberintos; caminaré por las aceras sintiéndome una de ellos, y cumpliré el sueño de probarme cuantos zapatos y pantalones se me antojen antes de que mis piernas se unan y se llenen de escamas, otra vez.