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Concursos de la Escuela: El mejor final de la historia
 
 
El mejor final de la historia
Escuela de Escritores y el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER os proponen esta temporada un nuevo concurso literario. Tras los Audiogramas, llega el turno de El mejor final de la historia.

Cada semana, un escritor diferente será el encargado de poner en marcha el motor de la creatividad proponiendo una frase que servirá de arranque a vuestras historias. A partir de ahí, el desafío de encontrar el mejor final de la historia es todo vuestro.


Microcuento ganador de El mejor final de la historia
Verónica Martín Martín
Anoche habló el Papa y me quedé estupefacto. Dejé la radio encendida hasta que el locutor dijo buenas noches y seguí quieto en la cama. ¿Y si la despierto y se lo cuento? Me preguntaba dando vueltas a las palabras del Pontífice. Acerqué mi narizota hasta su cuello y respiré al aroma a polvos de talco que aún conservaba. Duerme por fin pero si supiera lo que he escuchado, me repetía. Mis dedos rozaron la cicatriz por debajo de su vientre y se encogió sujetándose las rodillas contra el pecho y ya no pude callar más: ¿Sabes lo que ha dicho el Papa? Que no existe el Limbo. Esperé un momento para seguir hablando pero enseguida la oí llorar.

Resultados del tercer trimestre
Ganador del tercer trimestre: Patricia Martín López
Hay muchas maneras de morir. La primera vez morirás de pulmonía; eres joven y no conoces el agua. La segunda, por incauto, jugarás con niños y morirás a palos. La tercera, por inexperto, morirás envenenado a manos de tu vecino. La cuarta, por no comer veneno, será de un perdigonazo en la cabeza. La quinta, morirás atropellado en la carretera intentando llegar a algún contenedor. La sexta, morirás en el camión de la basura. Pero de todas las maneras de morir, la peor, sin duda, es la séptima.
-¿Cómo es, papá? -preguntaba el gato joven al viejo.
-Morirás sin más.
-¿Y por qué es la peor?
-Porque ya lo habrás aprendido todo.
Finalista del segundo trimestre: Pilar Zamora Pascual
Habían quedado en la playa al atardecer. Laura se lo había dicho de un millón de maneras diferentes: con cariño, con frialdad, con reproches y sin ellos, con una sonrisa, con el ceño fruncido, sentada, de pie, con un fondo de rock, de blues, de jazz y también en medio de las voces del silencio, pero Carlos insistió en oírlo de nuevo y quedaron al atardecer. A la mañana siguiente unos turistas la encontraron muerta en los acantilados del Cerro Verde.
Microrrelato ganador del 28/06, comienzo de Leo Bassi
Autor: Álvaro de la Riva Hengstenberg
Hay que volver a tener pasión por las utopías... porque sin utopías la vida no es posible. El jefe de ingenieros miró al muchacho y dijo: "Pero bueno, chaval...". Pero éste lo interrumpió de nuevo: "¡Las utopías nos harán libres como el viento! Podremos tener cuanto se nos antoje al alcance de la mano. Nuestros seres queridos serán de nuevo accesibles a nuestros corazones, y las distancias entre las almas se reducirán como...". De pronto, el jefe le cruzó la nuca al muchacho con una fortísima colleja que sonó como un trueno. "¡Ay!", exclamó este. "¡Por última vez, chaval!", dijo el ingeniero. "Estamos haciendo AUTOVÍAS, no UTOPÍAS!".
Finalistas del 28/06, comienzo de Leo Bassi
Autor: Millán García Isidro
Hay que volver a tener pasión por las utopías... porque sin utopías la vida no es posible. El niño levantó la vista del libro que leía su padre junto a él, sentados ambos en el borde de la cama.
-Papá, ¿qué son utopías?
El padre pasó su brazo detrás de los hombros del niño, y acarició su cabecita calva, que besó con infinita ternura. Dobló su cuello para mirarle. Ni la cirugía mutilante, ni las sesiones de quimioterapia, ni las semanas pasadas en aquella habitación del hospital habían podido con esos ojos brillantes y vivos, con esa cara de ratoncillo curioso esperando escuchar.
-Cuando seas mayor te lo explico, tesoro.
Y allí sentados esperaron, confiados, en una vida posible.
Autor: Xavier Ribera López
Hay que volver a tener pasión por las utopías... porque sin utopías la vida no es posible, sentenció. Luego, sin mediar palabra, se levantó y se fue, dejando a sus compañeros del consejo de administración cabizbajos y pensativos: "¿Qué habrá querido decir?". Tras salir por la puerta principal, echó a andar sin parar ni revolverse. Lleva años andando y ha gastado ya decenas de zapatillas; ha conocido un sinfín de lugares y gentes, ha aprendido un puñado de idiomas y ha estrechado incontables manos. Todo ello sin dejar de andar y sin rumbo fijo. Hoy, en Kampot, por vez primera se ha revuelto y ha descubierto que nadie le seguía. "Habrán elegido otros caminos", se ha dicho.
Microrrelato ganador del 21/06, comienzo de Laura Gallego
Autor: Pilar Zamora Pascual
Habían quedado en la playa al atardecer. Laura se lo había dicho de un millón de maneras diferentes: con cariño, con frialdad, con reproches y sin ellos, con una sonrisa, con el ceño fruncido, sentada, de pie, con un fondo de rock, de blues, de jazz y también en medio de las voces del silencio, pero Carlos insistió en oírlo de nuevo y quedaron al atardecer. A la mañana siguiente unos turistas la encontraron muerta en los acantilados del Cerro Verde.
Finalista del 21/06, comienzo de Laura Gallego
Autor: Andrés Portillo González
Habían quedado en la playa al atardecer. Luis llevaría un traje de baño verde oliva, Ana un pareo con el rostro de Audrey Hepburn; pero Luis llegó con un bañador azul y Ana acudió después con un pañuelo que imitaba una piel de tigre. Querían conocer a su amor cibernauta sin ser reconocidos, las nuevas tecnologías están muy bien para buscar pareja, pero con cuarenta años uno desconfía. No se encontraron; aunque Ana se fijó en un hombre con un bañador azul y le pareció muy apuesto, Luis sintió que la chica del pañuelo atigrado era la mujer perfecta. Le echó valor, fue hacia ella y le dijo: "Hola, ¿sabes?, te pareces a Audrey Hepburn".
Microrrelato ganador del 14/06, comienzo de Luis Landero
Autor: Claudia Munaiz
Me desperté sobresaltado en mitad de la noche y entonces escuché el estruendo de, por lo menos, media docena de frascos de la colección de mamá haciéndose añicos. Me calcé y me asomé a su habitación. La vi sentada en la cama balanceando los pies encima del charco perfumado. "Vaya estropicio. No te muevas que voy a por la escoba", avisé. "Se ha vuelto a romper", murmuró ella. "Mamá, que no pasa nada", aseguré. "Sí pasa, hijo, sí pasa. Dile a Susana que no vaya al Corte Inglés", respondió sin más. Al día siguiente se me cayó la taza de café nada más leer el titular de portada. "¿Ves como sí pasa, hijo, lo ves?", afirmó ella mientras limpiaba mi estropicio.
Finalista del 14/06, comienzo de Luis Landero
Autor: Olga Martínez López
Me desperté sobresaltado en mitad de la noche y entonces escuché un sonido agudo que parecía provenir de mí mismo. "Ya queda poco" pensé, consciente de que aquellos eran los últimos minutos de conciencia que recordaría la mañana siguiente. Pese al intenso dolor que me producía el pelo áspero que crecía descontrolado, repasé mentalmente mi cuarto: había cerrado la puerta con llave, había retirado los objetos de valor y los afilados, había aislado los enchufes y... "Mierda", pensé, "olvidé cerrar con llave la ventana". El dolor, la noche o la locura me nublaron la vista. Más tarde me contarían que desperté a los vecinos con mis aullidos, ebrio de luna llena.
Microrrelato ganador del 7/06, comienzo de Nativel Preciado
Autor: Patricia Martín López
Hay muchas maneras de morir. La primera vez morirás de pulmonía; eres joven y no conoces el agua. La segunda, por incauto, jugarás con niños y morirás a palos. La tercera, por inexperto, morirás envenenado a manos de tu vecino. La cuarta, por no comer veneno, será de un perdigonazo en la cabeza. La quinta, morirás atropellado en la carretera intentando llegar a algún contenedor. La sexta, morirás en el camión de la basura. Pero de todas las maneras de morir, la peor, sin duda, es la séptima.
-¿Cómo es, papá? -preguntaba el gato joven al viejo.
-Morirás sin más.
-¿Y por qué es la peor?
-Porque ya lo habrás aprendido todo.
Finalista del 7/06, comienzo de Nativel Preciado
Autor: María Soler Pelegrín
Hay muchas maneras de morir. El hombre conducía despacio por la calle del pueblo, mirando a la gente.
Al llegar al puerto enfiló la rampa de los barcos y entró al agua en primera, lento y seguro, saludando con una solemne inclinación de cabeza a los pescadores sentados al sol, que siguieron mudos, atentos y socarrones, la excéntrica maniobra del extraño.
Cuando el agua entró por la raja de las ventanillas, corrieron al coche para ver al ocupante ahogarse mientras, con absoluta seriedad, contestaba por señas que no a sus enloquecidos requerimientos para que abriera los seguros de las puertas.
A uno le dio un infarto.
Microrrelato ganador del 28/05, especial campaña electoral
Autor: Mª Begoña Duro Fernández
El candidato subió a la tribuna, se colocó ante los micrófonos y se quedó en blanco. Fue examinando uno a uno los rostros de todos los asistentes. Sentía como decenas de ojos no le quitaban la vista de encima. Por detrás podía oír un leve murmullo, que poco a poco se fue aclarando, hasta que distinguió una voz conocida que le decía: "¡Señor Fresnedilla!, si no tiene nada que decir, es mejor que le deje el turno a su compañera". Bajó del estrado, avergonzado, mientras contemplaba a la otra candidata, que se alzaba ante él con una sonrisa de satisfacción. Pensó: "Ahí va la pelotilla esa. Todos la votan por su melena rubia. Y yo volveré a ser el puñetero subdelegado de 2º C."
Finalista del 28/05, especial campaña electoral
Autor: Nina Hernández Gázquez
El candidato subió a la tribuna, se colocó ante los micrófonos y se quedó en blanco. Nadie se movía, ni una tos, ni un susurro, las caras, tan en blanco como él, ninguna pista que lo pusiera en marcha. El calor subía por los flancos de la cara, el sudor comenzó a caer, los músculos rígidos, Sus ojos miraban sin ver, oía pero no podía escuchar, solo blanco. La niña salió del fondo de la sala, caminó decidida por el pasillo, con la mirada fija en aquel hombre, un murmullo de voces salía a su paso, ella concentrada, con la certeza de saber. Se detuvo ante él, le dio la mano y lo condujo fuera, la puerta se cerró y la sala quedó de nuevo en silencio, nadie se movió.
Microrrelato ganador del 10/05, comienzo de Nancho Novo
Autor: César Martínez Sotodosos
Relleno folios por no vaciar el cargador delante del primero que se me presente... dadme tinta, un asesino anda suelto. Sólo poniendo negro sobre blanco historias truculentas que acaban en carnicería consigo ahuyentar los fantasmas que me rondan desde el incidente. Porque si mi madre no era culpable de nada cuando aquella bala la alcanzó en el pecho y murió desangrada entre mis brazos, nadie es inocente. Todos son blancos potenciales. El papel y la pluma son un sucedáneo barato de la pólvora quemada. Cuando se acaben... ¡quién sabe! Ahora entra el doctor. "No pienses más en ello, la pistola se disparó sola", volverá a decirme. Y después la inyección y el sueño en mi celda acolchada, hasta que vuelva a amanecer.
Finalistas del 10/05, comienzo de Nancho Novo
Autor: Gabriel de Biurrun Baquedano
Relleno folios por no vaciar el cargador delante del primero que se me presente... dadme tinta, un asesino anda suelto. Malo. Muy malo. La gente no pide tinta. Arrugo el folio. Lo tiro a la basura. No entra. Me quedan dos intentos antes de cargar la pistola. Voy otra vez:
"Escribo para evitar reventar. Me contiene, me retiene".
Malo otra vez. Infinitivos. Rima. Arrugo el folio. Lo tiro a la basura. No entra. Arrastro el cargador sobre la mesa, pesado y frío, hacia la pistola hambrienta. Último folio. Último intento Voy otra vez:
"Escribo en esta diana con las balas que me sobran, porque ayer perdí la pistola con la que participo en este concurso de no matar".
Arrugo la pistola, la tiro a la basura. No entra.
Autor: Ángela Martínez Duce
Relleno folios por no vaciar el cargador delante del primero que se me presente... dadme tinta, un asesino anda suelto. Volví a la pantalla, Aurora seguía en brazos de Mariano. ¿Debía confiar en él? Entonces sentí la llave en la cerradura. El reloj del ordenador señalaba las seis y veinticinco. Escuché sus pasos vacilantes. Con los músculos en tensión esperé en vano que pasara de largo. Se acercó y me susurro al oído palabras acorchadas, acompañadas de alcohol y tabaco. Le empujé a trompicones hasta sacarle del cuarto. Cerré con llave. Mientras oía sus gritos llamándome "mujer de hielo", me concentré en Aurora que sin contemplaciones cogió la pistola y la descargó hasta el final sobre el cuerpo de Mariano.
Microrrelato ganador del 03/05, comienzo de Luis Leante
Autor: M. Kaers.
A mitad de la noche Alba se despertó, abrió los ojos y se hizo de día en medio de la noche. "Tengo que darme prisa -pensó-, si no llegaré tarde". Se levantó y se vistió apresuradamente, dejándose las zapatillas para no hacer ruido. Terminó de arreglarse en el cuarto de baño, cuidando que no saliera al pasillo la luz encendida. Tomó un vaso de leche fría y unas galletas. La luz del sol llenaba ya la cocina. Cogió el bolso y llegó a la puerta con sigilo. Otra vez cerrada. Aún no había intentado recordar qué hizo con las llaves, oyó la voz que siempre le impedía llegar a tiempo: "¡Mamá... la abuela..! Vuelve a querer marcharse a misa a las tres de la mañana...!"
Finalista del 03/05, comienzo de Luis Leante
Autor: José Lobillo
A mitad de la noche Alba se despertó, abrió los ojos y se hizo de día en medio de la noche. Cientos de Hadas chispeaban como locas por la habitación y sus lucecitas se reflejaban en las pupilas grises y en la cabeza rasurada de la chiquilla. Tras unos instantes de estupor, Alba esbozó una sonrisa cómplice. Y yo, escondido tras la puerta, siento el corazón hinchándose de ternura en el pecho. Los otros niños del hospital convencieron a Alba de que Campanilla, la fiel Hada de Peter Pan, sólo era mentira para bebés. Supongo que un hermano mayor debe estar para estas cosas: las luciérnagas que conseguí capturar revolotean ahora por el cuarto para que Alba recupere un soplo de inocencia.
Microrrelato ganador del 26/04, comienzo de Isaac Rosa
Autor: Mercedes Cantero Vidal
Me pareció extraño ver a un hombre corriendo bajo aquella lluvia, sin preocuparse de coger alguna de las monedas que caían del cielo mezcladas con el fuerte granizo. La gente se arremolinaba, se empujaba, se pegaba por conseguir el mayor número de piezas posible mientras que aquel hombre corría raudo en dirección opuesta al extraño acontecimiento. Cuando pregunté a mi padre por qué aquel hombre huía de la suerte, apretó mi mano de niño y, sonriendo, me dijo: "No huye sino que corre a buscar la suya".
Finalista del 26/04, comienzo de Isaac Rosa
Autor: José Ángel Plaza López
Me pareció extraño ver a un hombre corriendo bajo aquella lluvia torrencial, a golpe de zancada, mientras el resto de los viandantes aguardábamos la llegada del sol en los soportales. Su forma de abrirse paso entre aquella cortina de agua reflejaba una tremenda urgencia por resolver el asunto en el que estaba sumergido. Sólo parecía preocupado por resguardar de cada gota lo que escondía bajo el abrigo. Aburrido por la espera, me inventé su historia: "Llega tarde a una cita y no quiere que se le estropeen las flores". Luego, en la tele, su foto acompañaba la noticia del concejal asesinado de un tiro en la nuca. Un seco escalofrío me caló hasta los huesos.
Microrrelato ganador del 19/04, comienzo de Antonio Gala
Autor: Miguel Angel Ruiz de Valbuena Paredes
El escritor se dio cuenta una mañana de mayo de que estaba embarazado. No le sorprendió nada. Desde que comenzó su novela, todo lo que le pasaba a Tatiana, la protagonista, acababa por ocurrirle a él. Cuando Tatiana se enamoró de un marinero ruso, el escritor conoció a las pocas horas a Yuri, un marinero al que se entregó ciegamente. Cuando Tatiana se divorció en el capítulo siguiente, el matrimonio del escritor se rompió esa misma noche. Cuando el marinero la abandonó, Yuri también desapareció. Estaba embarazado, sí, pero no le dio ninguna importancia. Esa misma tarde de mayo pensaba terminar esa mediocre novela con el suicidio de Tatiana.
Finalista del 19/04, comienzo de Antonio Gala
Autor: Osvaldo Quiroga
El escritor se dio cuenta una mañana de mayo de que estaba embarazado. Su sueño de inmortalidad empezaba a cumplirse en primavera. Recordó lo que Umberto Eco dijo de Jorge Luis Borges, que "hasta tuvo tiempo para 'engendrar' a sus sucesores". Sintió la satisfacción de ser uno de los dueños de la herida, y de que su embarazo fuera fruto de un amor lejano, amor por el arte y pasión por la vida. Hijo de la luna que ilumina las noches de Córdoba, su cuna adoptiva, Antonio Gala se dio el gusto y esperando que esta evidencia no llegue demasiado tarde, salió a caminar, ante la mirada atónita de los incrédulos y la sonrisa cómplice de los niños festejando la ocurrencia.
Microrrelato ganador del 12/04, comienzo de Les Luthiers
Autor: Lola Sanabria García
Cuando se abrió el telón y salieron Les Luthiers a escena, yo la miré a los ojos y ella me dijo: "Perdón, señor, ¿usted cómo se llama?" Le seguí el juego. Dije que me llamaba Hugo Domínguez; añadí alguna frase ingeniosa con acento porteño, y ella sonrió. Mientras Les Luthiers hacían música con el Alambique Encantador, le pasé la mano por el brazo desnudo, y se dejó acariciar. Al finalizar el espectáculo, caminamos con los dedos enlazados hasta llegar a la puerta de casa. Soltó mi mano para buscar la llave en el bolso; yo aflojé el labio inferior y lo hice vibrar con las yemas de los dedos, a ritmo de tango. Con una mirada me lo dijo todo. Cuando entramos, yo me fui en dirección al sofá y ella hacia el dormitorio.

Ganador y finalistas del segundo trimestre
Ganador del segundo trimestre: Ernesto Ortega
Un hombre está sentado a la orilla de un río pescando. ¿Quién está pescando a quién? ¿El hombre al pez o el pez al hombre? Dejé la tiza sobre la mesa y la frase quedó flotando en la pizarra. "Para el lunes, 1000 palabras". Mientras me paseaba, exhibiendo mi imagen seductora de profesor enigmático, sentí el aleteo de sus pestañas siguiéndome por el aula. Me recreé en sus piernas. La sirena anunció el final de la clase y los alumnos se dispersaron entre la bruma. Ella salió la última, dejando una estela de burbujas en el aire. El lunes no entregó el ejercicio. Por la tarde, me la crucé en los soportales del instituto. Un chico la estaba besando. Me sonrió y noté que me ahogaba. No me atreví a suspenderla.
Finalista del segundo trimestre: Joaquín Valls Arnau
Al fin solos -exclamó él, empleando un tono de voz que a ella le produjo un súbito escalofrío-. El ascensor se había quedado detenido entre el segundo piso y el tercero. La única luz, mortecina, procedía del piloto de emergencia. Instintivamente, Laurita reculó hasta tocar con su espalda una de las paredes de la cabina. Unos segundos después, sintió cómo la mano regordeta de Don Braulio, el vecino del ático, se posaba sobre su hombro, al tiempo que le susurraba, muy cerca del oído: Tú, tranquila.
Microrrelato ganador del 05/03, comienzo de Maruja Torres
Autor: Javier Regalado Herrero
Al pasar junto al espejo de la tienda de ropa de la esquina tuve otra vez la maldita tentación. Las miradas de la gente hacia mí, entre condescendientes y asustadas, debían ser suficientemente convincentes como para mantenerme firme en la decisión que tomé, cinco años atrás, de no volver jamás a mirarme. Sin embargo la incertidumbre había crecido en este tiempo hasta volverse irresistible. Pensé en hacerlo poco a poco. Bajaré la vista y empezaré de abajo a arriba. No hizo falta pasar de los pantalones. En mi cuerpo se caían, pero en el espejo se ceñían a mi piel como un guante de látex a punto de reventar.
Microrrelatos finalistas del 05/03, comienzo de Maruja Torres
Autor: Susan Carol Sutherland de la Cruz
Al pasar junto al espejo me detuve. Una red de grietas avanzaba por el cristal, crepitando. Aquello era raro. El precio me parecía caro para un espejo roto pero lo compré fascinada. Lo coloqué delante de la tele y me senté a observarlo. Las grietas seguían extendiéndose como una gran tela de araña. Hipnotizada, vi como las fisuras alcanzaban el marco, reptaban por el suelo, por los estantes, por mi sillón. Noté como mi piel se cuarteaba. No dolía. Solo sentía frío. Toda rota, sentí como las grietas volvían al espejo, arrastrándome.

No sé cómo, estoy de nuevo en la tienda, en el espejo... Grito... Alguien se para.
Autor: Enrique Olcina Juliá
Al pasar junto al espejo la mujer suspiró con un acento de nostalgia. Tocó el espejo, suavemente, buscando una incierta frontera, mientras la voz familiar de su marido la reclamaba en la habitación contigua. "Alicia, querida, te estamos esperando". Al volverse, no vio quién consultaba el reloj mientras cruzaba tranquilamente el espejo. Un conejo blanco que, al parecer, no llegaba esta vez tarde.
Microrrelato ganador del 22/03, comienzo de Juan Manuel de Prada
Autor: Verónica Martín Martín
Me desperecé en la cama y como todos los días la abracé, pero al hacerlo supe que no era mi mujer. Supongo que ese torso peludo fue lo primero que me puso sobre aviso. Aún así, movido por la curiosidad, bajé la mano por su hombro siguiendo el contorno del brazo. No cabía duda, mullido como un prado recién segado. Continué el camino hasta la muñeca. Traté de abarcarla pero mis dedos no cerraban. Se estremeció como las vías de un tren, seguido de un bostezo como un aullido en el bosque. Guardé mi postura entre las sábanas. Entonces preguntó con una voz de caverna: ¿Te preparo unos huevos revueltos? Yo, sin abrir los ojos, respondí: Vale pero con poquita sal que ya sabes como tengo la tensión.
Microrrelatos finalistas del 22/03, comienzo de Juan Manuel de Prada
Autor: Marian Espejo Rubio
Me desperecé en la cama y como todos los días la abracé, pero al hacerlo supe que no era mi mujer. Mientras las líneas de la persiana se aclaraban de luz, recordé la noche anterior. Necesitaba el ascenso. Le pedí a mi mujer que se esmerase en la cocina e invité a mi jefe y a su mujer a cenar en casa. Esa noche descubrí que mi jefe, seco y distante en la oficina, era divertido y de ideas muy liberales. Reímos mucho, bebimos sin moderación y acabé en la cama con la mujer de mi jefe. Y de repente, cuando colocaba las piezas del puzzle, la sospecha entró como un trallazo en mi cabeza. Me levanté y fui hasta la habitación de invitados. Estaba decidido a entrar, pero me detuve ante la puerta.
Microrrelato ganador del 15/03, comienzo de Ray Loriga
Autor: Cristina López García
─¿Y por qué hablar de ella, ahora, precisamente ahora... después de tantos años? ─le espeté con un tono de voz cortante.
Mi padre, con un gesto, me hizo callarme y tomar asiento.
─Vuestra madre ─dijo─ ha aparecido. Han encontrado unos restos. Después de todo, parece que no nos abandonó.
Se hizo el silencio y, mientras toda mi infancia volvía a mi mente, me fijé en que había vuelto a ponerse su anillo y lo acariciaba con ternura. Eso fue justo antes de romper a llorar.
Microrrelatos finalistas del 15/03, comienzo de Ray Loriga
Autor: Raúl Elena Calvo
─¿Y por qué hablar de ella, ahora, precisamente ahora... después de tantos años?
─Porque era mi madre ─susurró Lucía mientras le soplaba el polvo al álbum─, porque era mi madre y porque nunca me contaste nada. ─No preguntabas.
─Lo hago ahora. Todavía piensas en ella, ¿verdad?
─A veces, cuando venís por aquí.
─¿Fue como contaba la abuela? ¿Se marchó sin más?
─Fue como fue, qué importa ya.
─Era muy guapa, ¿verdad?
─Sí, muy guapa.
─¿Y...? ─Lucía se sentó en la cama, pasó el dorso de la mano por las pastas marrones y esperó las palabras de su padre.
─Muy guapa, solo eso.
─Quiero algo más, papá.
─Muy guapa y muy hija de puta ─contestó dando un portazo.
Autor: M. Kaers
¿Y por qué hablar de ella, ahora, precisamente ahora... después de tantos años? Debió haberse dado cuenta del tono agrio de mi pregunta. Acabábamos de cerrar, revisábamos el grupo electrógeno y las neveras. De ella, que hizo lo imposible para separarnos hace ya más de 20 años, los que tendrá el hijo que tuvieron. Le ayudé a ponerse el anorak al entrar en el almacén. Ahora, que por fin tenemos nuestro propio negocio. Cerré por fuera y fijé el termostato a -20º. Sé que debí ver su abrigo en el perchero pero estaba ofuscada. Conecté la alarma y salí de la tienda de productos congelados. Por eso lo han encontrado como uno de ellos, tieso y escarchado en la cámara esta mañana.
Microrrelato ganador del 08/03, comienzo de Juan Cruz
Autor: Lola Sanabria García
He hecho un corto viaje hasta tu pasado y mientras viajaba, encontré, que casi todo estaba en desorden. Recogí las perchas del suelo y las colgué de la barra, con el gancho hacia adentro, como a ti te gustaba hacer. Empujé los cajones vacíos hasta llegar al tope. Subí la bolsa de viaje que tú desechaste, a la balda más alta del armario. Alisé las sábanas y saqué el embozo de la cama. Sobre la coqueta brillaban los cristales con tu imagen fragmentada. Me acerqué con el cubo de la basura y fui a tirar un trozo con la mitad de tu boca, pero vi la súplica en tu ojo derecho y decidí dejarte marchar. Cogí el pegamento, recompuse la cara sobre el marco de madera y tu imagen se desvaneció en el espejo.
Microrrelatos finalistas del 08/03, comienzo de Juan Cruz
Autor: Marcos Belmonte Palacios
He hecho un corto viaje hasta tu pasado y mientras viajaba, encontré, que casi todo estaba en desorden. Ese maldito gato había vuelto a hacer de las suyas. Me puse a buscarlo entre el batiburrillo de recuerdos lacerados. La pizpireta sonrisa de la tía Sinfo estaba liada con el ceño oscuro del abuelo Carlos, los bigotes del jefe de bomberos de la subjefatura 36 con los tirabuzones de Encarnita la reina del carnaval infantil. Ese gato demoníaco se iba a enterar. Había dejado hecho finas tiras un primer abrazo con un primo lejano. Por fin pude verlo desovillando los recuerdos de un verano del ochenta y tres. Estúpido gato. Me puse firme y le grité: ¡Alzheimer ven aquí! Malo, eres un gato muy malo.
Autor: Miguel Ángel Ruiz de Valbuena Paredes
He hecho un corto viaje hasta tu pasado y mientras viajaba, encontré, que casi todo estaba en desorden. De entrada, me encontré que habías nacido en otro país, en otro pueblo, distinto al que nos llevabas a mamá y a mí todos los veranos, y que, ahora te lo puedo decir, aborrecía. Después descubrí que no te llamabas Germán Peñote Cifuentes, sino Richard Stallman. Y por último entendí que no eras maestro fresador, sino agente secreto del Gobierno americano, algo que me ha dejado perplejo. Entonces llegué al capítulo de tus memorias en el que hablas de tu familia y no seguí leyendo por temor a descubrir que yo no era yo y que mamá no era mamá, aunque eso, después de todo, no es tan mala idea.
Microrrelato ganador del 22/02, comienzo de Rafael Azcona
Autor: Joaquín Valls Arnau
Al fin solos, -exclamó él, empleando un tono de voz que a ella le produjo un súbito escalofrío-. El ascensor se había quedado detenido entre el segundo piso y el tercero. La única luz, mortecina, procedía del piloto de emergencia. Instintivamente, Laurita reculó hasta tocar con su espalda una de las paredes de la cabina. Unos segundos después, sintió cómo la mano regordeta de Don Braulio, el vecino del ático, se posaba sobre su hombro, al tiempo que le susurraba, muy cerca del oído: "Tú, tranquila".
Microrrelato ganador del 15/02, comienzo de Felipe Benítez Reyes
Autor: Delia Aguiar Baixauli
Lo extraño no fue que viniese, sino que se quedara. Con todo lo que habíamos discutido en los últimos meses. Pero tocó la puerta esa tarde, tomamos un té, y terminamos en la cama. Por la mañana me lo encontré desayunando en su sitio de siempre, con el periódico en la mano y las llamadas al móvil cada dos por tres, que si los presupuestos, que si las comisiones, que si el permiso de obra. Él seguía igual, con sus trapicheos inmobiliarios. Pero me sentía incapaz de echarle. Ahora, cada día desayuno frente a él mis tostadas con mantequilla, pero a ratos, me doy el gusto de acercarme el tenedor a un ojo, cierro el otro, y le veo en la cárcel.
Microrrelatos finalistas del 15/02, comienzo de Felipe Benítez Reyes
Autor: José Vicente Aracil Lillo
Lo extraño no fue que viniese, sino que se quedara a vivir en este cementerio que no es nada del otro mundo; apenas 1000 cuerpos resistiendo la humedad de los nichos, y otros 200 definitivamente olvidados. Vino por Violeta, la del ala oeste; una mujer solitaria cuyo único sobrino acababa de fallecer en Madrid. Tanto le debió hablar de su tía, que acabó enamorándose. Desde entonces anda por aquí. Le cambia las flores todas las mañanas y charla con ella hasta que cae la noche. Siempre es el último en marcharse, y el primero en regresar nada más abrirse las puertas. Le ha devuelto la esperanza; a ella, que ya todos la dábamos por desahuciada.
Microrrelato ganador del 08/02, comienzo de José Saramago
Autor: Ernesto Ortega
Un hombre está sentado a la orilla de un río pescando. ¿Quién está pescando a quién? ¿El hombre al pez o el pez al hombre? Dejé la tiza sobre la mesa y la frase quedó flotando en la pizarra. "Para el lunes, 1000 palabras". Mientras me paseaba, exhibiendo mi imagen seductora de profesor enigmático, sentí el aleteo de sus pestañas siguiéndome por el aula. Me recreé en sus piernas. La sirena anunció el final de la clase y los alumnos se dispersaron entre la bruma. Ella salió la última, dejando una estela de burbujas en el aire. El lunes no entregó el ejercicio. Por la tarde, me la crucé en los soportales del instituto. Un chico la estaba besando. Me sonrió y noté que me ahogaba. No me atreví a suspenderla.
Microrrelatos finalistas del 08/02, comienzo de José Saramago
Autor: Andrés Portillo González
Un hombre está sentado a la orilla de un río pescando. ¿Quién está pescando a quién? ¿El hombre al pez o el pez al hombre? El hombre al pez, los peces no saben pescar -respondí al abuelo. ¿Y si el pez es una alimaña que sale del río y de un bocado se come al hombre? ¡Pero eso no puede ser, los peces no pueden salir del agua!. Mi abuelo chascó la lengua y me revolvió el pelo. ¿Y si el pez tiene los brazos muy largos y sin salir del agua agarra al hombre que está pescando y lo arrastra al fondo del río? ¡Abuelo... eso es imposible! ¡Los peces no tienen brazos! El abuelo se puso triste, entonces me abrazó muy fuerte y dijo, como ahogándose, que otro día intentaría explicarme mejor adónde se fueron papá y mamá.
Microrrelato ganador del 01/02, comienzo de Raúl Guerra
Autor: José Ángel Plaza López
Increíble, pero aquella mujer me seguía la corriente como si todo estuviese previamente estipulado. Yo no recordaba qué coño hacía desnudo en plena calle, pero gracias a sus mentiras no tuve que justificarme. "Sí, llevamos más de treinta años casados. A veces se le va un poco la cabeza, pero no le hace daño a nadie", le decía al señor agente. Cuando me soltaron, aun a riesgo de abusar de la espontánea generosidad de esa desconocida, le pregunté si podía dejarme algo de ropa. Tuvo que darle mucha pena verme tan desamparado, porque no sólo accedió, sino que puso a mi disposición un armario repleto de prendas. Y todo era de mi talla.
Microrrelatos finalistas del 01/02, comienzo de Raúl Guerra
Autor: Delia Aguiar Baixauli
Increíble, pero aquella mujer me seguía. Era una mujer de plástico hinchable, pero siempre me seguía por el dormitorio cuando quitaba su tapón y el aire iba saliendo despacio de su cuerpo de curvas. Yo iba del armario a la cama, de la cama a la estantería, de la estantería a la ventana, y ella recorría el mismo camino que yo pero haciendo círculos, cada vez convertida en algo más y más pequeño. Pero el plástico es amigo del plástico, y ayer, en un giro sorpresa, salió por la ventana y se fue detrás de un vecino que pasaba con una manguera, regando distraído. Quedó tendida a los pies de la manguera, a la espera, como un guante vacío.
Microrrelato ganador del 25/01, comienzo de Luis Eduardo Aute
Autor: Pedro Peinado Galisteo
Apenas tuve tiempo de despertarme y la pesadilla empezó a ser realidad. Aún zozobraba en la densa marea del sueño que acababa de tener cuando noté sobre mí la presencia del Señor Martínez, balaceándome con esa mirada oblicua que tantas víctimas se ha cobrado ya en la oficina. Igual que en el sueño, traté de disculparme por haberme quedado dormido en mitad del ajuste de un balance de extrema urgencia, pero la frase continuaba siendo demasiado larga y sus reproches caían sobre mí con la misma clemencia que una bomba cae sobre un campo de refugiados. Entonces, sin apenas tiempo para ponerme a salvo, conseguí despertar, pero el Señor Martínez seguía allí.
Microrrelatos finalistas del 25/01, comienzo de Luis Eduardo Aute
Autor: José Ángel Plaza López
Apenas tuve tiempo de despertarme y la pesadilla empezó a ser realidad. Por más que alargaba el brazo, sólo pude sentir la frialdad del raso. Nada de carne alrededor, así que empecé a llamarla a voces, desgarrándome la garganta con su nombre. Luego recorrí desnudo cada estancia en busca de indicios que desmintieran la muerte de mi vida en pareja. Pero nada me daba seguridad, porque ella podría haberse ido con lo puesto, dejándome solo, desnudo, de rodillas frente a la puerta y rogando a lágrima viva su regreso. Mi llanto quedó silenciado por el ruido de las llaves y sus palabras: "¿Otra vez así? Cualquier día de éstos cojo la puerta y me largo. Traigo churros".
Microrrelato ganador del 18/01, comienzo de José Antonio Marina
Autor: Elena González Vega
Nadie se rió cuando Antonio llamó papá al Señor Martínez porque, tratándose de Antonio, llamar papá al maestro no era una equivocación graciosa sino todo un acto de insubordinación. El señor Martínez le dio una bofetada y lo mandó a su sitio. "Como quieras, papá" le dijo Antonio sin un gesto de dolor ni de contrariedad. Cuando esa tarde llegó a su casa, el maestro se dirigió a su hijo: "Vete a tu cuarto. Hoy te quedas sin comer". "Como quiera, señor Martínez" le dijo Antonio abandonando la mesa.
Microrrelatos finalistas del 18/01, comienzo de José Antonio Marina
Autor: Guillermo González Alonso
Nadie se rió cuando Antonio llamó papá al Señor Martínez. El personal guardó un embarazoso silencio mientras observaba de soslayo el alterado rostro de su superior. En la sala, los monitores continuaban visionando y grabando automáticamente cuanto sucedía en el Centro Comercial. No existía rectificación posible. Todo se había desarrollado según el protocolo. Las cámaras habían detectado a un muchacho robando varios artículos. Alertado el vigilante de la zona, no tardó en retener al sospechoso y llevarlo ante el Jefe de Seguridad. Al reconocerse se saludaron confusos y azorados. Nadie se rió cuando Antonio llamó papá al Señor Martínez.
Autor: Borja Garcia-Die
Nadie se rió cuando Antonio llamó papá al Señor Martínez. El señor Martínez era el jefe, y decir que era su "papá" debería, como mínimo, haber creado alguna tímida sonrisa. Paró de hablar, se los miró, y comenzó a decir una serie de ordinarieces, cada vez más subidas de tono. Sólo el haz de luz del retroproyector iluminaba tenuemente sus caras, que seguían impasibles. Mientras seguía con una perorata sobre las madres de sus interlocutores, su secretaria entro en la sala, con cara de preocupación se acercó a él y le dijo, "la traductora le pide a usted que vuelva al hilo de la reunión, pues ya no sabe que más explicarles a los japoneses".

Resultados del primer trimestre
Ganador del primer trimestre: Verónica Martín Martín
Anoche habló el Papa y me quedé estupefacto. Dejé la radio encendida hasta que el locutor dijo buenas noches y seguí quieto en la cama. ¿Y si la despierto y se lo cuento? Me preguntaba dando vueltas a las palabras del Pontífice. Acerqué mi narizota hasta su cuello y respiré al aroma a polvos de talco que aún conservaba. Duerme por fin pero si supiera lo que he escuchado, me repetía. Mis dedos rozaron la cicatriz por debajo de su vientre y se encogió sujetándose las rodillas contra el pecho y ya no pude callar más: ¿Sabes lo que ha dicho el Papa? Que no existe el Limbo. Esperé un momento para seguir hablando pero enseguida la oí llorar.

Microrrelato ganador del 15/12, comienzo de David Trueba
Autor: Juan Antonio Cuesta Cañas
Jamás pensó que se atrevería a hacerlo, pero lo hizo. Simplemente tuvo un impulso y se marchó. Sin importarle siquiera lo que pudiera pensar su padre. Tan sorprendente fue su decisión que su progenitor tardó treinta y tres años en encontrarlo. Cuando lo hizo, mandó que lo crucificaran.
Microrrelatos finalistas del 15/12, comienzo de David Trueba
Autor: Félix César Descalzo Gómez
Jamás pensó que se atrevería a hacerlo, pero lo hizo. Le convenció el rastro que una lágrima dejaba en la mejilla del niño. La mirada del crío se separó del par de paquetes arrinconados bajo el belén –un balón de goma con el nombre de un tal Jorge pintado a bolígrafo; un libro deslomado, sobre razas del mundo-, y se encontró con la suya, que disimulaba su tristeza enderezando la estrella de cartón, en el árbol de plástico, sobre el televisor. Lo primero que dijo el hijo sonó a lamento: “¿y la caja de lápices?” Ante su silencio, el niño le interrogó “Papá, ¿existen los Reyes Magos?” Se armó de valor y le respondió “no”. Entonces, dejó de llorar.
Microrrelato ganador del 01/12, comienzo de Luisa Castro
Autor: Lola Sanabria García
La casa estaba llena de puertas y yo entré por la más pequeña, abierta para el servicio. Me descalcé y subí la escalera de puntillas. Mi madre me esperaba arriba y me recibió con un bofetón. Antes de irse repitió que en su familia nunca hubo una puta y yo no iba a ser la primera. Cuando estuve sola, abrí el bolso, saqué el dinero y lo sumé al que había ahorrado. Tenía suficiente. Llené la maleta de ropa y con ella en la mano, salí al pasillo. La puerta de la habitación de mi hermana estaba entornada. Me detuve a observar su respiración sosegada, la fragilidad de su cuerpo tan pequeño. Di la vuelta y entré de nuevo en mi cuarto. Mi hermana no.
Microrrelatos finalistas del 01/12, comienzo de Luisa Castro
Autor: Pedro Martínez Jiménez
La casa estaba llena de puertas y yo entré por la más pequeña. Mi madre entró por la más ancha. Mi hermana Julia prefirió la más estrecha y mi padre se decantó por la más alta. Dunia, nuestra perra, accedió por la más diminuta y mi tío eligió una muy extraña, díficil de definir, que tenía una hilera de adornos y brocas en la parta superior. Era el más excéntrico. En cambio, mi abuela escogió la única que parecía normal. Al llegar todos al salón nos sentamos a la mesa y nos devolvimos una cómplice sonrisa. Más tarde salíamos juntos por la puerta de atrás.
Microrrelato ganador del 24/11, comienzo de Manuel Rivas
Autor: Mariví Alonso
Supo entonces que la casa no estaba vacía. No pensaba que hubiese quedado nadie más vivo después de la bomba. El ruido venía de arriba. Dejó las latas de comida y decidió subir las escaleras. Si quedase alguien, si fuese una mujer... No todo estaba perdido. Pensó en gritar, pero la voz no le salía. Llevaba un año sin usarla. No, el viento no podía ser. Era un ruido más fuerte. Había sonado dos veces. Entró en la habitación y saltó al ver la cara de la chica. Era sólo un póster de Britney Spears. Un lápiz cayó al suelo haciendo un ruido idéntico al anterior. Varias cucarachas correteaban sobre la mesa.
Microrrelatos finalistas del 24/11, comienzo de Manuel Rivas
Autor: María Valls
Supo entonces que la casa no estaba vacía. Aún así entró con el sigilo que le caracterizaba. El olor a café invadía la estancia y acomodados entre charlas se les vino la tarde encima. Entrada la noche creyeron volver al orden que simulaba el silencio. Curro, que se lamía las pezuñas junto la ventana, saltó despavorido erizando la curvatura de su espalda, maullando insolencias, al intuir que se le acercaba. Impasible esperó que amaneciera, le gustó observarlos, escuchar sus charlas, jugar a los despistes escondiéndoles pequeños objetos para que luego se desesperaran buscándolos. Decidió quedarse, ellos nunca intuirían su presencia.
Microrrelato ganador del 17/11, comienzo de Jorge Bucay
Autor: Mª Elena González Vega
Cuando cerró la puerta, me quedé pensando qué me habría querido decir con esas palabras. Ya lo creo que la incomunicación acaba con la pareja y, en nuestro caso, habían sido dos años de convivencia sin comprendernos en absoluto. Con todo, siempre que salía, cuando cerraba la puerta, dejaba en el aire un par de palabras que, al menos, sonaban afectuosas. Pero esta vez sonaron distintas. Supe que me había querido decir otra cosa. Cerró la puerta y no volvió a aparecer. Si yo hubiera aprendido algo de coreano, o él algo de español, las cosas habrían sido muy diferentes.
Microrrelatos finalistas del 17/11, comienzo de Jorge Bucay
Autor: María Antonia Ferragut Seguí
Cuando cerró la puerta, me quedé pensando qué me habría querido decir con esas palabras. Con el calor de agosto el uniforme azul se me pegaba al cuerpo, pero nada más entrar en aquel edificio centenario sentí un escalofrío. Subí al tercero. Tras llamar varias veces me abrió la puerta una anciana. "Yo ya no vivo aquí, pero no se preocupe. Le haré llegar su paquete a la actual inquilina", dijo amablemente. Firmó como Patricia Miles. Cuando bajé, el suelo recién fregado de la entrada estaba cubierto de periódicos atrasados. Al abrir la puerta para salir, una de las hojas se dobló dejando entrever una esquela. En ese momento supe cuál era la nueva dirección de Patricia Miles.
Autor: Juan Reina Obrer
Cuando cerró la puerta, me quedé pensando qué me habría querido decir con esas palabras. Esa noche, tras hacer el amor, había soñado con ella. Estaba frente al espejo de la entrada con sus muslos blancos abiertos y un hombre entre ellos. Aunque de espaldas no se me reconocía, ese hombre era yo. Se lo conté nada más despertar del sueño pero ella seguía dormida. Durante el desayuno no habló. Ni siquiera al confesarle que había disfrutado como en los primeros tiempos, cuando la tomaba convencido de que sería la última vez. Permaneció quieta, intentando disolver su mirada azul en el café. Y lo dijo en voz baja, y una sola vez: "En mi sueño no eras tú". Después, cerró la puerta.
Microrrelato ganador del 10/11, comienzo de Juan José Millás
Autor: Lola Sanabria García
El zapato izquierdo me venía pequeño, pero el derecho grande. Encendí la luz. Uno era el zapato de mi fiesta de graduación y el otro era de mi madre. Todo empezó cuando mi padre comenzó a llamarme con el nombre de ella. Luego metió en mi armario algunos de sus vestidos y por último aquel revuelto de zapatos. Esto no podía seguir así. Debía aceptar que mamá ya no estaba con nosotros. Dos golpecitos en la puerta y él asomó la cabeza y dijo: "María, el desayuno está listo". Abrí la boca para decirle que yo era su hija Rosa, pero me salió: "Ahora mismo bajo".
Microrrelatos finalistas del 10/11, comienzo de Juan José Millás
Autor: Santiago Martinez Anguita
El zapato izquierdo me venía pequeño, pero el derecho grande. Que mis zapatos nuevos fuesen un poco más grandes, era normal, mamá siempre decía que de la manera que me crecían los pies, era la única forma de usarlos durante un tiempo que hiciese la inversión razonable. Lo del zapato más chico era otra cosa, así que me deslicé de la cama y miré con cuidado al pasillo, mamá estaba atareada en la cocina, rápidamente me colé en la habitación de mi hermano pequeño y cambié su zapato izquierdo por el mío. Él era demasiado pequeño todavía para saber que mamá no era perfecta.
Microrrelato ganador del 03/11, comienzo de Luis García Montero
Autor: Eva Lleonart Montagut
Como todos los días, desperté en mi cama, pero sin saber dónde estaba. Pudiera parecer normal para una mujer de mi edad, pero mi familia no sabía que me había estado sucediendo durante los últimos cinco años. Cada noche tras cenar y ver un poco la tele, me despido con un beso y empieza mi ritual. Saco el estuche de las gafas del cajón de la mesilla de noche y lo colocó con mucho cuidado al lado de la lámpara. Escojo una de las cuatro posibilidades: abierto, cerrado, hacia arriba y hacia abajo, y ya sé que puedo dormir tranquila. Me despierto y, como cada mañana, una mirada rápida al estuche. Abierto y hacia arriba. Estoy en casa de mi hija Ana.
Microrrelatos finalistas del 03/11, comienzo de Luis García Montero
Autor: Guillermo Montero Medero
Como todos los días, desperté en mi cama, pero sin saber dónde estaba. La habitación en que me encontraba tampoco me era conocida, ni los muebles, la lámpara, el espejo y mucho menos la mujer a mi lado. Me sentía extraño, pero a la vez sereno, lejos de sentir miedo o ansiedad. Todo parecía cotidiano, tranquilizador e incluso confortable, pero totalmente ajeno a mí. Me levanté, me puse las zapatillas, fuí al baño, me miré al espejo, y tampoco me reconocí. En la esquina del espejo encontré una nota amarilla pegada que decía " buenos días, te llamas Luis". - Bueno, es un comienzo , pensé.
Microrrelatos finalistas del 26/10, comienzo de Javier Reverte
Autor: Xavier Ribera López
Le despertó un olor agrio a goma quemada; abrió la ventana, Madrid ardía por completo. Cerró la ventana, volvió a abrirla y observó Madrid inundado. Repitió la operación y ahora en Madrid resplandecía un amarillento sol de verano. No harto, cerró y abrió de nuevo la ventana y vio como una plaga de langostas sacudía Madrid de punta a punta. Entretuvo el día abriendo y cerrando la ventana: ahora un tifón ponía Madrid patas abajo, ahora una nevada colgaba sus calles, después fue una invasión de extraterrestres y más tarde un terremoto que sacudía sus entrañas... Nada le pareció digno de ser escrito. Otro día sin inspiración, se dijo, y cerró la ventana.
Microrrelato ganador del 13/10, comienzo de Jorge Edwards
Autor: Anuca Correa Manzano
Eres malo para hacer la guerra, me dijo mi mujer, así que lo mejor es que te quedes y cuides de los mandarines. ¿Cuidar de los mandarines? Odio esos pájaros, les dan infartos ¿Por qué no podíamos ir los dos? ¿Acaso me cree tan pusilánime? Sólo porque me negué a ir a la junta de vecinos. Todos saben lo que Juani hace con ellos. La silicona, los buzones, el dinero de la comunidad. Ellos quieren echarnos y ella quiere que yo cuide de los mandarines. No entiendo. Se lo dije. Los vi cargando con palos y garrafas, y no me escuchó. Y ahora es muy tarde y no sé qué hacer con los pájaros. Este olor a quemado los ha puesto muy nerviosos.
Microrrelato ganador del 06/10, comienzo de José Luis Sampedro
Autor: Verónica Martín Martín
Anoche habló el Papa y me quedé estupefacto. Dejé la radio encendida hasta que el locutor dijo buenas noches y seguí quieto en la cama. ¿Y si la despierto y se lo cuento? Me preguntaba dando vueltas a las palabras del Pontífice. Acerqué mi narizota hasta su cuello y respiré al aroma a polvos de talco que aún conservaba. Duerme por fin pero si supiera lo que he escuchado, me repetía. Mis dedos rozaron la cicatriz por debajo de su vientre y se encogió sujetándose las rodillas contra el pecho y ya no pude callar más: ¿Sabes lo que ha dicho el Papa? Que no existe el Limbo. Esperé un momento para seguir hablando pero enseguida la oí llorar.
Microrrelatos finalistas del 12/10, comienzo de José Luis Sampedro
Autor: Pablo de la Rúa
Anoche habló el Papa y me quedé estupefacto. Comprendía a la perfección su lenguaje. Cambié de canal y seguía entendiendo aquel idioma. "¿Cuándo has estudiado tú alemán?", me pregunté como un estúpido. Asutado, me levanté del sofá y recorrí toda la habitación leyendo títulos de libros, las marcas de mis zapatos viejos, las instrucciones del DVD y el texto apocalíptico que sobrescribía mi paquete de cigarrillos. Jamás había visto escrito aquellos caracteres, pero comprendía su sentido. De súbito, alguien abrió la puerta. Era mi mujer. "Hola cielo", me dijo con un beso. Respiré hondo y le sonreí
Microrrelato ganador del 06/10, comienzo de Matilde Asensi
Autor: Lucas Sebastián Sassi
Bajo la primera capa de barro que quitaron, apareció una imagen sorprendente. Debía ser un tubérculo pero tenía ojos y boca. Removieron una segunda capa y notaron pestañas y cejas. Parecía una cara humana. La tocaron con un palito, entonces se abrieron los ojos, como si despertaran de un profundo sueño. La boca quiso respirar y al no poder, pidió ayuda. El padre tomó la pala, la hundió en la tierra y arrojó su contenido sobre el tubérculo parlante, sintió un quejido pero continuó hasta llenar el pozo. El hijo no preguntó nada. En silencio cogieron las herramientas, avanzaron unos veinte pasos y otra vez comenzaron a cavar en busca de alimento.
Microrrelato ganador del 29/09, comienzo de Carlos Fuentes
Autor: Emma García-Castellano García
Por primera vez entré en casa sintiendo miedo, los mismos muebles, los mismos cuadros, mi angustia crecía al contemplarlos, los veía pero no los reconocía, los sentía ajenos y distantes, incluso se me antojaban más viejos y sucios que nunca y me pregunté ¿dónde estoy? Caminé por el pasillo y llegué hasta mi dormitorio, estaba igual que siempre, pero no era como siempre, la mesita de noche con libros apilados, las gafas, el viejo cabecero. ¿Dónde estoy? En esta ocasión debí levantar la voz sin darme cuenta, mi nieta contestó ¿qué dices abuela? Estás aquí, en casa. Un frío enorme me invadió por dentro, los primeros síntomas habían comenzado.
Microrrelatos finalistas del 29/09, comienzo de Carlos Fuentes
Autor: Matías Candeira de Andrés
Por primera vez entré en casa sintiendo miedo. Para conseguir dinero, había vivido unos meses en el Kax, donde me prometieron que todo iría bien. Ellos sonreían, siempre. Creo que por eso no le daba importancia a esas escamas amarillentas que me habían salido en la espina dorsal. En el umbral, mi mujer y mi hija me abrazaron durante un buen rato. Cenamos en silencio. En aquel momento, ni yo mismo sabía si algo había cambiado realmente. Al rato, recostado en mi cama, de pronto me asusté mucho: noté que estaba pensando en ellas, sus cuerpos blancos en la oscuridad. Sentía hambre, muchísima hambre. Y las escamas crecían poco a poco en mí.
Autor: Celia Durán Abollo
Por primera vez entré en casa sintiendo miedo, Dejé las llaves por fuera, cerré la puerta y me senté al lado de la ventana. Llovía. Pero no miré a través de la ventana. Me senté sólo por costumbre. Y esperé. Esperé, hasta que la noche se deslizó ajena e impasible. Paró la lluvia. No oí como se detenía el coche, no oí su voz saludando a algún vecino, ni sus pasos dirigiéndose a la puerta. Ni la vuelta al coche. Me levanté y fui hacia la puerta. Sólo por costumbre. Abrí la puerta. Y allí seguían las llaves. Y en el camino, su ausencia dibujada en el barro.

Bases del concurso: convocatoria cerrada
A partir del 11 de enero, cada jueves a las 12:00 de la mañana en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER, Carles Francino, Javier Sagarna e Isaías Lafuente nos recordarán la frase que los escritores invitados os proponen para arrancar vuestros microcuentos.

Si no podéis seguir el programa en directo, cada jueves encontraréis la frase de inicio del microcuento en la página web de la Cadena SER (www.cadenaser.com). Para oírla podéis hacer clic aquí.

El plazo para enviar vuestras propuestas finalizará los lunes a las 12:00 horas (horario español).

Un jurado compuesto por profesores de Escuela de Escritores seleccionará semanalmente el mejor microrrelato que se inicie con la frase propuesta por nuestros escritores invitados.

Los jueves, entre las 12:00 y las 12:20 de la mañana, el relato seleccionado será leído en antena y comentado por Javier Sagarna e Isaías Lafuente.

Por lo tanto, cada semana habrá un finalista que competirá por el premio al "mejor final de la historia" y que se fallará durante el próximo mes de marzo. El ganador podrá participar a partir del mes de abril de 2007 de forma gratuita en uno de los talleres trimestrales de Escuela de Escritores y también competirá, junto con los ganadores de los otros dos trimestres, por el premio que otorgará la Cadena SER al ganador de la temporada.

Para participar debes rellenar el formulario que encontrarás en esta misma página y escribir tu microcuento en el espacio asignado (600 caracteres contando espacios). No es necesario incluir la frase de arranque propuesta por el invitado de la semana en la que participas.

Hemos preparado un decálogo sobre la escritura de microcuentos que esperamos que os sirva de ayuda para redactar los vuestros. Para leerlo haz clic aquí.

Decálogo para escribir microcuentos
1. Un microcuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un microcuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el microcuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.

4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un microcuento tres personajes ya son multitud.

5. El microcuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los microcuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un microcuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un microcuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los microcuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni microcuentos ni nada) para contar lo que ya se ha dicho mil veces.

 
 
 
   

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