V Edición de Relatos en Cadena

Una historia, un personaje, un escenario y una acción en cien palabras. El desafío de escribir un microrrelato te obliga a decir más con menos. La Cadena SER y Escuela de Escritores recompensan tu ingenio y tu creatividad con un premio a la altura del reto: 6.000 euros para el mejor microcuento.

En esta página se irán publicando los resultados semanales de Relatos en cadena.

Cada jueves, a las 11:00 en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, se votarán en directo los ganadores y finalistas de todos los microcuentos recibidos durante la semana.

Navega por los siguiente enlaces para acceder a la información completa de esta edición del concurso.


Ganadores mensuales

Mes: Septiembre

Alberto Corujo Corteguera
Principio de incertidumbre

—Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado.
Todos los días, a la misma hora, Carlos hace su llamada, pronuncia una frase romántica y recibe una réplica exacta:
—Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
Todos los días menos hoy. Hoy, por primera vez, le ha respondido el silencio. Carlos se pregunta si no habrá marcado un número equivocado.
—Podríamos ir mañana —escucha decir al fin. Es ella, la misma voz sensual de siempre.
Carlos siente que el tiempo se detiene, y cuenta hasta diez antes de contestar:
—Son las doce horas, un minuto y quince segundos.

Mes: Octubre

Montse Aguilera Vives
Toc

Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
Se lava las manos. Coge las llaves con dedos temblorosos. Cuando caen al suelo saca una toallita húmeda, las recoge con ella, abre otra toallita y limpia las llaves y la anilla que las mantiene unidas.
Mira el reloj.
Son las doce horas, tres minutos y veintidós segundos.
Vuelve al cuarto de baño, se quita toda la ropa (está sudando) y se da la tercera ducha del día.
Necesita orinar.
Mira el reloj.
Son las doce horas, diecisiete minutos y cuatro segundos.
No puede ser.
Sabe que llegará tarde a la terapia.
Pero lo peor es que aún está sucia.

Mes: Noviembre

Ricardo Hierro
Las manos

—Muerto pero mío.
Eso fue lo que chilló Marcela Quijano cuando irrumpió en la alcoba y descerrajó tres tiros sobre el rostro asombrado de Eliseo Pellicer, su marido. De los rincones de aquel dormitorio fueron saliendo entonces, como fantasmas, todas las amantes con las que Eliseo había gozado. Abandonaron la habitación susurrando una letanía de a mí no me mates, déjame marchar. La procesión de mujeres en camisón huía a pasitos cortos, tratando de no interrumpir el duelo de Marcela que, volcada sobre la cama, sostenía entre sus manos las manos desmayadas de su esposo. Manos grandes, nudosas y quietas. Por fin quietas.

Mes: Diciembre

Fernando Martínez Esteban
La cena es a las nueve

El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso y se hace tarde. He dejado mi muñeca en el parque, con el resto de la mano y la mochila del colegio. Yo quisiera ir más rápido pero la carne se me cae a trocitos. Los huesos del pie asoman desnudos entre excrecencias podridas. Raspan el suelo. Si el tío Lauro no hubiera reventado mi otra rodilla con su escopeta… Suerte que no duele, pero a rastras va ser difícil llegar a tiempo. Mamá estará esperándome con la cena puesta, enfadada. ¿De donde vienes? Preguntará. Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo.

Mes: Enero

Joaquín Valls Arnau
Ojo por ojo

Al diablo le he visto en mi vida ya un par de veces. La primera, de ello hará quince años, cuando mi primer marido osó levantarme la mano. La segunda, hace sólo un momento, después de que tú hayas hecho lo propio. Soy tan poquita cosa, que por aquel entonces nadie sospechó de mí, del mismo modo que nadie lo hará ahora. Es más, al igual que en aquella ocasión, el pueblo entero acudirá a darme el pésame, cuando lo que merezco es que me feliciten. Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada.

Mes: Febrero

Ignacio Rubio Arese
Los zapatos sucios

—Joderme —repite Micky saboreando la palabra. El resto de niños patea unas latas sin prestarle atención; sin percibir que a cada exabrupto, el lameculos repipi se eleva varios palmos del suelo. A Micky le ruborizan las groserías, pero ahora está poseído; las vomita una tras otra, sin parar de crecer. Pronto debe agacharse para no chocar contra las nubes. Desde ahí contempla a sus compañeros, ridículas hormiguitas, y se echa a reír. Los pisotea en venganza por las humillaciones sufridas, se siente invencible. Al volver a casa, su madre lo mira con ojos glaciales. ¡Micky, otra vez los zapatos sucios! Y castiga sin postre al gigante.

Mes: Marzo

Luis Fernández de los Muros García
El accidente

Aquella tarde, papá regresó a la tumba entristecido. Laurita y yo tratamos de convencerle de que era normal. Que después de aquel desgraciado accidente mamá debía rehacer su vida. Gracias a Dios ella no venía en el coche. Papá se sentó en una esquina cabizbajo, sin explicarnos que no le dolía que ella rehiciera su vida, sino que lo estuviera haciendo con nuestro mecánico de confianza.

Mes: Abril

Luis González Lasierra
Vis a vis

Con nuestro mecánico de confianza, cuando tocaba la revisión del coche; con el carnicero del barrio, casi todas las semanas; con nuestro profesor particular, la víspera de los exámenes; con el casero, todos los finales de mes; pero cuando más guapa se ponía, era para visitar a papá en un pueblo que se llamaba Visavis.

Mes: Mayo

Gabriel de Biurrun Baquedano
Montón

Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.

Mes: Junio

Montaña Campón Pérez
El niño grande

La risa un poco ronca y una barba que siempre pincha. Su madre solo le deja salir las tardes de tormenta, cuando el riachuelo espontáneo que se forma en la calle le permite flotar sus barquitos de papel. -¡Mirad! –increpa a la cuadrilla que regresa del trabajo-. Hoy sí que va deprisa el mío, os voy a ganar… ¡Os voy a ganar! Lo que él no comprende es que aquéllos, sus amigos de siempre, hace más de treinta años que ya no juegan a los barcos.


Finalistas mensuales

Mes: Septiembre

Sara Barbera Sánchez
Reflejo

La noche es una estrella en tu cucharilla, la que atrapas cada noche en su reflejo metálico. La observas titilar hasta que el sueño te vence y caes sobre la almohada, agotada. Yo, alertado por el sonido de la cuchara al caer al suelo, me acerco sigiloso para arroparte. Te beso en la frente, aflojo la cadena de tu tobillo y te susurro al oído que, cuando aprendas a quererme, tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado.

Mes: Octubre

Joaquín Suárez Guerra
Un hombre solo

—Son las doce horas, un minuto y quince segundos.
El hombre colgó con un fuerte golpe. Repetía el mismo mensaje desde hacía más de dos horas, aunque al menos este teléfono respondía. Era el único. Miró la pantalla del televisor, cubierta de nieve electrónica. Desechó la idea de acudir al aparato de radio: sólo emitía un pitido enloquecedor. Se acercó a la ventana cerrada y, mientras se mordía las uñas, vigiló la calle desde sus tres pisos de altura: vacía. Meditó. Con agua corriente y la nevera casi llena, podría aguantar muchos días. Antes de volver al sofá, no pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento.

Mauricio Ciruelos Gutiérrez
La patinadora

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento, con la misma pintura verde mate de hacia veinte años, pero ahora le pareció ridículamente pequeña y endeble. Al llegar al final del pasillo le dio una calada al cigarro y se giró para volver a mirarla. Recordó a la niña con patines y coletas que cada tarde atravesaba el umbral tras volver del colegio. Exhaló el humo despacio, apagó el cigarro y volvió a recorrer el pasillo, sin prisa. Al pasar junto a la puerta verde la rozó con la punta de los dedos, como tantas veces había hecho de niño.

Mes: Noviembre

Jorge Garcés Garrido
El próximo tren

Como tantas veces había hecho de niño, vio llegar el tren con infinito asombro. La gente bajó y subió, se demoró en el andén, y el Mudo llenó sus ojos de sonrisas, abrazos, de zapatos y maletas. Se enganchó a un reencuentro, a un paraguas, un recado escueto y un beso apresurado. Sostuvo sobre el acalorado bullicio la misma emoción de entonces. Al momento el silbato, el pitido, y un adiós boquiabierto como de no entender nada. Tras el último vagón lo sacudió un golpe de aire vacío, la vía quedó muerta y nada más existió hasta el próximo tren.

Carolina Rangel
Gané

Y nada más existió hasta el próximo tren. Desde que obtuve la orden del juez hasta que vi bajar a mi esposo de aquel vagón, estuve en suspenso. Treinta años es mucho tiempo, pero siempre supe que ese día llegaría, se lo quité a la barragana. Pregunté si le podíamos abrir los ojos, quería que él también me viera. Nadie me contestó y yo no insistí, porque en realidad lo importante era que volvía a ser mío, muerto pero mío.

Mes: Diciembre

Rubén Gozalo Ledesma
Medidas disciplinarias

Por fin quietas. El viernes, mis manos se enfadaron y me declararon la guerra. Yo les daba órdenes, pero como si hablase con las piedras. Para dejarme en ridículo, me bajaban los pantalones en plena calle o se negaban a llevarme las bolsas del supermercado. Lo peor era cuando tenía que ir al servicio y no me quedaba más remedio que pedir ayuda al abuelo Blas, aquejado de parkinson. Anoche solucioné el problema y me corté las manos. Hoy me he levantado tarde y el pie izquierdo no me quiere hacer ni caso.

Marina Prieto Ferreiro
La última

Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo, como he hecho tantas veces durante eones. Pero ésta es diferente. Antes las vidas de los hombres se extinguían y se renovaban continuamente. Cuando llegaba la hora de tomar sus almas yo lo hacía con la conciencia de que esa acción formaba parte de un equilibrio eterno y maravilloso. Pero un día dejaron de nacer y continuaron muriendo. El silencio cayó poco a poco sobre el mundo polvoriento, contaminado y agotado y ahora sólo queda una mujer. Una sola. La última. Si pudiera llorar, derramaría una lágrima al tomar la última alma humana.

Mes: Enero

Ernesto Ortega Garrido
The show

La última alma humana se exhibía, impúdica, ante la mirada de los espectadores que, atraídos por los luminosos anuncios de las pantallas de estronio de los periódicos, acudían desde el valle en sus flamantes heliomóviles para verla: cena y espectáculo, veinticinco trones. Algunos la insultaban desde sus mesas, llamándola honesta, sincera o virtuosa; otros le arrojaban trones rogándole que llorase; los más atrevidos subían al escenario para dejarse acariciar y experimentar sensaciones como ternura, bondad o compasión, mientras ella, atrapada en aquel recóndito lugar, se preguntaba si no era mejor ceder de una vez y dejar que su dueño también la vendiese al diablo.

Jesús Esnaola Moraza
A papás y a mamás

—Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada —dice Micky agravando la voz, casi tanto que hasta se le arruga su carita imberbe.
—No podrás soltarte las cuerdas así que para ya ¿ha quedado claro? Si no… Ya estoy harto de ti y de tu madre, parece que solo vivís para joderme.
El grito de mamá anunciando la cena interrumpe el juego. Micky desata a Mónica que se levanta de la silla y seca sus lágrimas para no dejar rastro. Le sonríe a su hermano para que sepa que está bien.
—Joderme —repite Micky saboreando la palabra.

Mes: Febrero

Susana López Herreros
Lógica aplastante

—…y castiga sin postre al gigante”.
En ese momento suena el timbre que anuncia el recreo, los niños cogen las meriendas de sus mochilas y salen al patio.
—¿A los gigantes también los castigan? —pregunta Sara.
—Pues claro —dice Coque— las madres son todas iguales; da lo mismo que sean madres gigantas, madres monstruas o madres madres, cuando no haces lo que ellas quieren, se enfadan y te quitan lo que más te gusta.
Sara se queda callada pensando que a Coque siempre le castigan sin verla, y en su carita se dibuja una sonrisa mellada.

Joaquín Villas Labrador
La historia del profesor

Se dibuja una sonrisa mellada en aquel profesor de Historia, de apellido impronunciable, cuando pregunto si existieron los crematorios. Viene hacia mí, me acaricia la cabeza y al retirar su mano, veo junto a su reloj unos números grabados en su piel.

Mes: Marzo

Carlos García Burgos
La sirena justo antes de despertar

Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel. Los marco y resulta que empieza a sonarle un hombro. Se lo disloca, ¡cruej! La cabeza del húmero se le queda junto a la oreja, como un teléfono por el que escucho mi voz lejana. Y entonces me responde, con tono de contestador: “Son las seis en punto de la mañana, gracias por utilizar nuestro servicio despertador”. Intento hablarle, pero se lo coloca en su sitio y sigue caminando por el embarcadero como si fuese una top sobre una pasarela. Al llegar al borde se tira al agua y se despide con la cola. Igual que lo hacen las ballenas.

Manuel Nicolás Andreu
El puzzle

“Igual que lo hacen las ballenas, exacto, tienen pulmones como vosotros, y ahora a la cama”, dice papá cerrando el libro. Todas las noches mamá nos reúne en el salón y hace que nos demos un fuerte abrazo, colocando a cada uno de nosotros en el mismo sitio. Dice que nuestra familia es como un gran puzzle de cuatro piezas en el que cada uno ocupa un lugar muy importante. Hoy es papá, por cuarta noche consecutiva, el que trata de organizar el mismo abrazo pero no quiere darse cuenta de que con tres piezas es imposible y además nos hace daño.

Ana Santolaria Barrio
Él

Y además nos hace daño con sus forzudas manos cuando nos alza para girarnos en el aire, pero aún así nos hace reír. La otra tarde, cuando vino a buscarnos al colegio, nuestra hermana rehusó ir con él. No le gustaba que nos tomaran por locos. Al principio fue divertido cuando creían que teníamos poderes, pero recelaron porque no hacíamos milagros. Ella intentó decirles que jugábamos con el hombre invisible, pero siguieron riéndose de nosotros. Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido.

Mes: Abril

Francisco Javier Aguirre González
Juguetonas

Con nuestro mecánico de confianza teníamos garantizada la diversión. Mi hermana y yo nos turnábamos para achucharle mientras conducía. No podía reaccionar si no se paraba, cosa que le teníamos absolutamente prohibido. Unas veces lo hacía Laura y otras yo. Nos poníamos en el asiento del copiloto y comenzábamos a manosearle. Hasta que no gritaba no cortábamos. Nos amenazaba con parar y nosotras con el despido. Además, nuestro padre lo denunciaría por acoso a menores. Cárcel segura. Seis o siete años, nos había dicho un amigo abogado. Por fin han sido nueve.

Joaquín Villas Labrador
Silencio casi total

En un pueblo que se llamaba Visavis hablaban en voz muy baja, como si las palabras fueran piedras y costara mucho pronunciarlas. Estaba prohibido usar el claxon, el timbre de la bicicleta o un simple silbato. Las campanas de la iglesia carecían de badajo y en fiestas jamás hubo tracas ni petardos. No había llamadores en las puertas y el cine siguió siendo mudo. El único gallo era el de la veleta y los perros y los gatos ni ladraban ni maullaban. Desde el escape de la central nuclear, hasta los pájaros y el caño de la fuente se entrenaban para estar muertos.

Mes: Mayo

Natalia Viana Nebot
Jugando con la realidad

Se entrenaban para estar muertos. Yo no me lo podía creer cuando Pablo me lo contó. Pero él me juró que era cierto. Hasta me enseñó como se hacía. Por eso faltaba tanto a clase y se le caía el pelo. Un día, en casa, quise probar, pero recibí un bofetón, por asustar a mi madre con mis tonterías. Hoy Pablo tampoco ha venido al colegio. Ya hace dos semanas, y sus padres ya no van a la iglesia. Seguro que ha hecho el muerto tan bien, tan bien, que le han regalado ese maravilloso viaje que le habían prometido.

Carmen Quinteiro Moreno
Nada

Y al otro lado de la ventana nada de nada: ni los columpios, la pelota o los amigos. Nada es tan importante como quedarse cerca de su madre para cuando, como cada tarde, regrese su padre.

Xavier Blanco Luque
Patio interior

Cuando, como cada tarde, regrese su padre a casa, Pedro estará escondido en el armario. El portero aprovechará para tirar la basura; la vieja del ático bajará a comprar ese paquete de sal que siempre falta en el momento más inoportuno. Algunos vecinos subirán el volumen del televisor. María preguntará por qué la mamá de Pedro llora todos los días. A esa hora estaré liada con la cena y no será posible responder. La cogeré en brazos, cerraré la ventana de la cocina y pondré en marcha el extractor: no soporto ese olor a pescado del patio interior, y además, el pollo rebozado siempre humea demasiado.

Mes: Junio

Adrián Pérez Avendaño
Manos

—Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado.
—Pues te hago salmón a la plancha. Está fresquísimo.
—Sabes que me dan miedo las espinas.
—Entonces te preparo una macedonia de frutas, que eso sí te gusta.
—Tengo la barriga un poco…
—Tómate aunque sea un vaso de leche con galletas.
—No insistas, mamá. No tengo hambre.
—Está bien, hija. Si no quieres comer, no comas, pero por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte.

Mar Horno García
Ave María

—Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte. Ya sabes que si tienes las uñas sucias los ángeles no vendrán a visitarte mientras duermes. Ella obedece sumisa pero sabe que su madre miente. Aunque las tenga mugrientas, el ángel aparece cada noche. Tiene el pelo suave, las alas pequeñas, la risa un poco ronca y una barba que siempre pincha.