III Edición de Relatos en Cadena

Una historia, un personaje, un escenario y una acción en cien palabras. El desafío de escribir un microrrelato te obliga a decir más con menos. La Cadena SER y Escuela de Escritores recompensan tu ingenio y tu creatividad con un premio a la altura del reto: 6.000 euros para el mejor microcuento.

En esta página se irán publicando los resultados semanales de Relatos en cadena.

Cada jueves, a las 10:30 en el programa Hoy por hoy de la Cadena SER, se votarán en directo los ganadores y finalistas de todos los microcuentos recibidos durante la semana.

Navega por los siguiente enlaces para acceder a la información completa de esta edición del concurso.


Ganadores mensuales

Mes: Septiembre

Beatriz Alonso Aranzábal
El olfateador

Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata fue uno de mis primeros éxitos como olfateador. Tenía los ojos vendados y toda la oficina mirándome. En seguida supe que era la administrativa. Después otra mujer pasó sus dedos por mi pelo y adiviné que era la documentalista. Tampoco fallé cuando el diseñador gráfico me sacudió la caspa de los hombros. Al regresar a mi mesa de trabajo la recepcionista, a modo de despedida, me tocó la punta de la nariz, lo cual desencadenó en mí una terrible convulsión. Desde entonces cuando llego a trabajar entro con un pañuelo en la nariz. Creen que es alergia, pero es amor.

Mes: Octubre

Rosana Alonso Fernández-Garcia
La maqueta

Cielos, cómo brilla hoy el valle. Las montañas perfectas en su quietud, los prados de un verde intenso y las casas de colores. Hay gente en la estación, parecen esperar la llegada del tren que acaba de salir del túnel. Pero… ¿qué es esto? Uno de los hombres tiene un desconchón en la cabeza. Retira molesto la figura, dudando entre tirarla a la basura o repararla. La mira y siente vértigo, por un instante se percibe pequeño, sin voluntad, inmerso en un decorado. La coloca de nuevo en el andén y la sensación desaparece, pero juraría que ahora el hombre luce una inquietante sonrisa.

Mes: Noviembre

Javier Regalado Herrero
Fuga navideña

Para que no se enteren de que me he marchado he pedido al pastor manco que ocupe mi lugar. Nadie se dará cuenta hasta enero. Había pensado robar uno de los camellos, pero los muy imbéciles no se mueven, como si fueran de porcelana, así que me he ido caminando. Mientras atravieso calles sorteando un sinfín de zapatos enormes, me doy cuenta de que el agua en realidad se mueve, y moja. Por fin veo el escaparate repleto de pequeñas bombillitas en el que estás. Apenas consigo llegar hasta tí comprendo que nuestro amor es imposible. Estamos hechos a escalas diferentes. Ni subido a una escalera conseguiría besarte.

Mes: Diciembre

Miguel Torija Martí
La lista

Los hombres que a mí me gustan no saben llorar pero acaban llorando. Bajan de los vagones y mientras el resto parece que hubiese llegado a una residencia de veraneo y esperase que alguien les explique el plan de actividades, ellos miran a su alrededor y lo comprenden todo de golpe. Así cuando llega el momento de la separación todos chillan, se resisten y lloran desesperados menos ellos. Sólo cuando los niños y las mujeres se han perdido en la neblina permiten que las lágrimas inunden torpemente sus ojos. Entonces bajo de la tarima, me acerco y anoto sus nombres.

Mes: Enero

Alberto Corujo Corteguera
La huída

“Además me voy a chivar a mis padres” era una frase que no podría repetir nunca más, estaba desolado. Cuando acudía a visitarles invariablemente rompía a llorar: Sus hijos no le hablaban, hacía dos años que estaba en el paro, uno que su mujer le había dejado. Su infortunio era la comidilla de sus vecinos, que cuchicheaban a sus espaldas. Hasta el perro le miraba con desprecio. Sus padres eran los únicos que escuchaban sus cuitas y compartían su dolor.
Aquella tarde encontró una nota escueta sobre sus tumbas abiertas y vacías: “Hijo, siempre fuiste un llorón. No te lo tomes a mal, pero aquí vinimos a descansar”.

Mes: Febrero

Ana Martínez Blanco
En el museo

—¡Acelera!, hemos quedado a las 8:30 en el museo. Espabila o nos quedamos sin visita guiada!
Así eran las vacaciones con Berta: De mañana, la ruta cultural y al atardecer, si no había que contemplar una magnífica puesta de sol en algún acantilado de difícil acceso, había que saborear el ambiente de un trasnochado café de muy renombrada solera. Estaba harto, así que hoy jugaríamos al escondite: comenzada la visita, vi abierto uno de los sarcófagos y no me lo pensé dos veces. Después, algún empleado hizo el resto. Y aquí estoy esperando hasta mañana. Por cierto, ¿hoy es domingo?

Mes: Marzo

Isabel González González
Tic tac

Ese tic tac que escuchamos hace rato los dos. Ese tic tac que silenciamos con el tuc tuc de nuestro cabecero repicando en la pared; con el tic tic de los zapatos pequeños por el pasillo, con el toc toc de unos nudillos en la puerta cuando esperábamos a alguien. Ese tic tac formidable contra el que siempre obramos y que ahora ya no suena ha de andar por algún sitio. Nos cogemos de la mano y caminamos descalzos, atentos a los crujidos de la noche. Pegamos la oreja al carillón y ahí está. Un tic tac débil. Exhausto como nosotros. Prisionero de su esfera.

Mes: Abril

Almudena Sánchez Jiménez
Hermanos

Seguimos sin hablarnos, mientras las estaciones cambian, anuncian el nuevo año y nos comemos las uvas. En tu país, ha habido inundaciones, en el mío el paro ha aumentado. Además, he tenido dos hijos y tú dos nuevos sobrinos, aunque eso no lo anuncian por televisión. Las noticias terminan y la meteoróloga asegura que mañana lloverá, tanto por tu mundo como por el mío. Si seguimos teniendo suerte, caminaremos por ahí, un día más viejos, compartiendo apellido y todavía enfadados bajo un paraguas gris. Todo eso, si te acuerdas, claro, de que mañana va a llover.

Mes: Mayo

Ernesto Girondo Sirvent
El retrato de la abuela

Hasta que decidimos volver a colgarla en la pared sufrimos pequeños sabotajes. El lunes se pegó el estofado. El martes se fundieron tres bombillas. El miércoles se salió la lavadora. El jueves no sonaron los despertadores. El viernes amaneció encapotado, pero no dimos con ninguno de los paraguas de la casa. Nos empapamos. Por la noche el abuelo insistió en que “una cosa es que esté muerta y otra que le haya cambiado el carácter”. Abrió el cajón, y volvió a colocar la foto en el lugar preeminente que ella misma había escogido. La mujer de la foto sonreía.

Mes: Junio

Agustín Martínez Valderrama
Carne rebozada

La cena se enfriaba en la mesa y nuestro vecino seguía igual. Desnudo, subido en una silla y con una soga al cuello. A veces, bajaba y deambulaba cabizbajo por la habitación. De aquí para allá. De allá para aquí. Luego volvía a subirse, se anudaba la cuerda y colocaba los pies en el filo. Así llevaba toda la tarde. Nosotros, desde la ventana, lo observábamos expectantes. Papá decía que sí. Mamá decía que no. Pero el hombre, que si sí, que si no, no se decidía nunca. Al final, corrimos las cortinas y nos sentamos a la mesa. La carne rebozada fría no vale nada.


Finalistas mensuales

Mes: Septiembre

Marina de la Fuente Martín
Años perdidos

No reconocí al hombre que tenía frente al espejo y eso me inquietaba. El reflejo era el de alguien mayor que yo, así que no podía tratarse de mí. Él, por su parte, parecía igual de contrariado porque me contemplaba con la misma expresión de extrañeza. ¿Acaso nos habíamos visto antes? Su rostro me resultaba terriblemente familiar pero no lograba ponerle un nombre o relacionarlo con un lugar. Quise preguntarle quién era, pero de pronto me dio miedo la respuesta. Lo mejor era ignorarle. Tenía otras cosas de las que preocuparme. Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata.

Gabriel de Biurrun Baquedano
Platonicol complex

Creen que es alergia, pero es amor. Mamá está preocupada. Ya no sabe si son las camisas, la lactosa o el centeno. El director y los otros me miran como si me fuera a morir en cualquier momento, y ninguno quiere estar delante cuando ocurra.
A mí me da igual, porque, a eso de las once, jadeo un poco y toso con un ruido como de arrastrar sillas. Abren la ventana de clase para que respire. Saco la cabeza y te veo venir por la calle Bergamín, con tu falda de cuadros y los calcetines caídos. ¡Qué buen jarabe, tu sonrisa! Fresca, brillante, antihistamínica.

Mes: Octubre

Ignacio Jáuregui Presa
Venta ambulante

Fresca, brillante, antihistamínica, antiespasmódica y homeopática, masculla el buhonero mostrando a la multitud la botella fosforescente. Niños tristes y labriegos de aspecto hostil lo miran mudos, cuando el buhonero me señala. Usted, dice, señor, atrévase con esta muestra gratuita. Me quito el sombrero sintiendo doscientos ojos clavados en mí, y avanzo con las muletas; la multitud me hace un pasillo hasta el carromato. El botellín sabe a salfumán. Me vuelvo, sonriente, y arrojo a un lado las muletas.

Nadie oye al tipo ronco gritando tongo, yo los vi juntos en Valcitruénigo. Vendemos toda la producción.

Cielos, cómo brilla hoy el valle.

Rocío Orovengua León
La feria

El hombre luce una inquietante sonrisa. “¿Otra?”. Noto la sorna en su voz. Todo empezó porque Luisa quiso que ganara para ella ese estúpido oso. He perdido la cuenta del tiempo y el dinero que llevo intentándolo. Apunto a la diana, sujeto la escopeta, disparo… y fallo otra vez. Luisa me suplica que lo deje. “¿Otra?”. El hombre sigue sonriéndome con ironía. Ya no oigo la música de las atracciones ni el murmullo del gentío ni las súplicas de Luisa, sólo la burla en su voz. Sujeto la escopeta, apunto y un segundo antes de disparar, sé con infinita certeza que esta vez no erraré el tiro.

Mes: Noviembre

Susana Caldeiro
La penúltima oportunidad

Esta vez no erraré el tiro. Me sitúo bajo el umbral de la puerta. Coloco los pies por detrás de la junta de la baldosa. Me concentro en el lanzamiento. Respiro hondo y exhalo pausadamente mi deseo: si la encesto, me llama. Lanzo la bola de papel. Demasiado efecto. Ni ha rozado el cubo de basura. Este tiro no cuenta, pienso mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina.

Andrea Alfaro De Julián
La cocina

Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina guardo las mentiras en el cajón de los cubiertos, junto a los cuchillos, la vergüenza en el de los trapos de secar, la angustia en el escurreplatos, la soledad en el escobero, la tristeza en el frigorífico y cierro la puerta de la cocina sin hacer ruido, para que no se enteren de que me he marchado.

Mes: Diciembre

Gabriel de Biurrun Baquedano
In other words

Ni subido a una escalera conseguiría besarte. La certeza era aplastante, hormonal y gravitatoria. Tanto como distante tu belleza y diminuta mi congoja.
Quise invertir las intenciones y cuestionarme si, tal vez, quisieras tú descender varios peldaños por besarme a mí. Tampoco.
Descarté los métodos convencionales. Inicié un arduo entrenamiento. Cada día, cada noche. Perder grasa, ganar músculo. Hop, hop.
Y fue que la tenacidad venció a las leyes de la naturaleza. Aprendí a volar y salí por mi ventana. Aleteando ilusionado hasta tu casa y tu dormitorio, donde me alcanzó la suela de una zapatilla rosa y tu voz, al fondo, gritando “bicho gafoso de mierda”.

Jaime Sastre Santamaría
Verde albahaca

—¡Bicho gafoso de mierda! ¡Mala sangre! ¡Malaje! ¡Mala vida te den!
—Si ni siquiera me has dejado hablar —protesté mientras la seguía.
—No escucho a los payos.
—Pero, ¿tú sabes cómo son tus ojos?
—Verde albahaca —contestó sin mirarme—. Dime algo que no sepa.
—Si lo hago, ¿me darás un beso?
—Prueba.
—¿A que no sabes que, al llorar, las lágrimas salpican los cristales de la gafas?
Se detuvo y me apuntó con sus ojos:
—Lo que tú no entiendes, niño, es que los hombres que a mí me gustan no saben llorar.

Mes: Enero

Pablo de la Rúa
Amigos invisibles

Me acerco y anoto sus nombres. Este año soy yo la mano inocente. Al final de la cena saco un papelito de la bolsa de tela para cada uno. Enseguida, mamá busca una pista en la cara del abuelo. La tía levanta sospechas con su pícara sonrisa y la abuela trata de encontrar una señal en el cuchicheo del tío Andrés. La entrega de regalos será el 6 de enero. Y este no superará los 30 euros. Lo que no saben es que yo los recibiré todos. Lamentarán el error del año pasado.

Saturnino Cubero Garrido
Decepción

Lamentarán el error del año pasado, este año los voy a esperar, me han hecho mucho daño, en cuanto aparezcan en lo oscuro encenderé la luz, los pillo y se lo digo, sé que les va a doler, pero me da igual, a mí me ha dolido más. No sois, ni magos ni mágicos, vuestros regalos no vienen de Oriente, ni del cielo, sois como todos, los compráis, el año pasado os dejasteis el precio pegado en todos los juguetes, además me voy a chivar a mis padres.

Mes: Febrero

Pablo Luna López
Raros

Aquí vinimos a descansar. Al menos, eso es lo que me dijeron mis padres que íbamos a hacer en aquel piso. Pero lo que en realidad hicimos fue volvernos raros. Ya no salíamos a pasear, jugar por el parque o al cine. Mi madre no iba ni a la compra, y mi padre vivía en el salón, mirando por la única ventana de la casa que dejaba pasar luz. Un día, mi madre me despertó muy temprano y me llevó en brazos al coche. Lo arrancó, pero no se movió. Al minuto, mi padre entró y, mientras cerraba de un portazo, gritó: ¡acelera!

Agustín Martínez Valderrama
Martes surrealista

Por cierto, ¿hoy es domingo?
Depende. ¿Usted juega al bádminton?
Sí.
Entonces, pregunte allí.

Obediente, me dirigí a la siguiente ventanilla. Perdón, señorita ¿hoy es domingo?
Depende. ¿Le gustan los caracoles?
Sí.
¿Con o sin tomate?
Sin tomate.
Entonces, pregunte allí.

Volví a hacer cola. Disculpe, caballero ¿hoy es domingo?
Depende. ¿Churras o merinas?
Churras.
¿Dostoievski o Solyenitsin?
Solyenitsin.
¿Paquito el Chocolatero o La Conga de Jalisco?
La Conga de Jalisco.
Pues no; no es domingo.

¿Seguro?
Veamos… Usted juega al bádminton, le gustan los caracoles sin tomate, las churras, Solyenitsin y la Conga de Jalisco, ¿correcto?
Sí.
Entonces es martes, seguro, por lógica.

Mes: Marzo

Marco Morcillo Martin
Crimen perfecto

—Entonces es martes, seguro, por lógica.
La audiencia quedó encantada ante la deducción precisa del detective, que continuó.
—Y además, todo indica que el asesino está muy cerca.
Más aplausos.
—Y que sabe que yo daría con la solución.
Exclamaciones.
—Y sabe también que no puede dejar testigos.
Oh, es un hombre admirable, que gritando, concluye.
—¡Y ya sabemos por lo tanto qué es ese tic tac que escuchamos hace rato!

Ismael Jose Hevia Galicia
RIP

Prisionero de su esfera de porcelana, descansaba inquieto el espíritu marinero del abuelo Abelardo, recién incinerado. En el preciso instante que acomodaron la vasija con sus cenizas, sobre la repisa de la chimenea, comenzaron los fenómenos extraños: objetos moviéndose solos, puertas que se abrían y cerraban, cambios bruscos de temperatura… Una semana después, cansados y asustados, se reunieron en cónclave familiar. Alguien recordó la voluntad del difunto de reposar en el mar. En tropel se embarcaron en el velero del abuelo. Apiñados a barlovento rezaron una plegaria y esparcieron sus cenizas al viento. Agotada su paciencia, con voz de ultratumba el abuelo tronó: ¡Imbéciles!

Mes: Abril

Jesús Mª Benito Regidor
Diario

“¡Imbéciles!” -pone. Hace años que paso a diario bajo ese puente y nunca, hasta esta mañana, había reparado en esa palabra de grandes dimensiones estampada en el muro por algún grafitero anónimo. Debe de llevar ahí bastante tiempo: los colores están ya desvaídos y tiene algunos desconchones. Pero hasta hoy no había llamado mi atención.
Por lo demás, el día ha sido anodino y rutinario, y seguimos sin hablarnos.

Sara Barberá Sánchez
La canción de los días de lluvia

Mañana va a llover. Ella cogerá las botas de agua y el paraguas rojo del armario. Se pondrá su chubasquero blanco, el de lunares. Seguramente se recoja el pelo. Siempre se recoge el pelo cuando llueve. Luego bajará a la calle. Correrá por las aceras en busca de algún charco y, cuando lo encuentre, saltará sobre él hasta empaparse. Alguien la llamará loca. Se reirán de ella, como siempre que llueve. Después iré a buscarla. La acurrucaré entre mis brazos y le cantaré esa canción que tanto le gusta. La de los días de lluvia.

Rosa Pastor Carballo
La consulta

La de los días de lluvia era gris, la de los de sol amarilla. Desde hacia tiempo sufría constantes cambios de color, pero pensamos que terminaría adaptándose a la luz. No ocurrió así y la llevamos al médico. Nada más entrar se volvió blanca como la bata del médico. Esta niña sufre síndrome cromático —dijo el médico, y le recetó unas cataplasmas rojas que causaron un efecto desastroso. Difuminada y borrosa estuvimos a punto de perderla, hasta que decidimos volver a colgarla en la pared.

Mes: Mayo

Paloma Hidalgo Diez
Inocencia

No dije que lo sabía, que mezclando amarillo y azul podía pintar las hojas de los árboles, ni que las naranjas se hacían con amarillo y rojo. Me gustaba ver su sonrisa tras cada hallazgo. Después hicimos palomitas y pusimos la peli que habíamos alquilado en el vídeo. Nuestra primera noche juntos y todo estaba saliendo bien; entonces me preguntó:
—Papá, ¿va a volver mamá?
Sin mirar sus ojos de caramelo contesté:
—Eso no importa, porque ella te sigue queriendo.
Y volvimos a mezclar pinturas, mientras la cena se enfriaba en la mesa.

Dario Cayetano Saavedra
Buen ciudadano

La mujer de la foto sonreía. Dientes pequeños y muy blancos asomaban tímidos entre los labios apenas pintados. Ojos verdes, probablemente, los párpados semicerrados no permitían distinguirlos. Cabello rubio. Era la única nota de color en la ajada billetera.
–Debe ser su esposa –pensé. Dos noches seguidas soñé con ella.
Al tercer día me presenté en su casa. El cabello rubio resaltaba mucho en su vestido oscuro.
–Encontré esta billetera –dije– tirada en el parque. La tomó de mi mano y, sin abrirla, dijo:
–Era de mi esposo, murió hace unos días.
No dije que lo sabía.

Mes: Junio

Sara Barberá Sánchez
Hambre

La carne rebozada fría no vale nada para ellos. La tiran a la basura con desprecio y regresan al interior del edificio sin tan siquiera pestañear cuando nosotros, desesperados y hambrientos, nos arrojamos sobre el contenedor como animales. A veces se asoman por la ventana cuando todo ha terminado para ver el resultado de la pelea. Los cadáveres, casi siempre desnudos, son retirados de inmediato. El canibalismo está prohibido, pero el hambre puede más que el miedo. Los heridos y moribundos se quedan allí tendidos, suplicando clemencia. Los demás regresamos a las alcantarillas de inmediato. Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros.

Ruth Bozal Callejo
Deformación profesional

Hace ya tiempo que aquí nadie cree en los milagros. Por eso cuando al Cristo le brotó una melena, no cantamos aleluyas ni caímos de rodillas pidiendo perdón. Ese día Juana, la peluquera, apareció sin su cuero cabelludo. Una semana después cambió el color del manto y Pepa, que limpiaba la iglesia, amaneció ciega junto a la lejía. A Marcos, el doctor, le vendaron las muñecas cuando el Cristo empezó a sangrar por las llagas y Joaquín, el taxista, usa muletas desde que encontraron la imagen tirada en las afueras. Hoy en misa el Cristo nos ha mirado. Movía los ojos repasando los bancos… Pedro, el oculista, ha salido corriendo.

Antonio Toribios
El impostor

Pedro, el oculista, ha salido corriendo. Le esperan en la consulta un montón de pacientes. Manda pasar al primero, le insta a leer series de letras y números a distancia, le examina el fondo del ojo, le receta un colirio. Recomienda luego unas gafas, diagnostica un glaucoma, revisa unas lentillas, aconseja hábitos saludables. Tras toda una tarde de trabajo está cansado. Se quita la bata y va a su casa. Entra a oscuras, se prepara la cena, bebe un vaso de leche. Luego va al salón, se acomoda y se pone a leer, como todas las noches, un tratado de oftalmología en braille.