I Concurso cruel de relato breve (Ganador “El feo”)

El ordenador

Autor: María Ascensión Rivera Serván

Tenía miedo. Había llegado el momento de conocerle. Temía y quería a la vez pero en su interior algo gritaba que: ¡no debía!
Quería a su marido, a sus hijos (tenía 4), el menor contaba con 3 años. Su vida transcurría entre la casa y el cuidado de ellos. Había dejado su trabajo al quedarse embarazada del primero de ellos: Denia, la mayor, que contaba 14 años.

Su marido trabajaba todo el día y, cuando regresaba a casa, estaba tan agotado que ya casi no hablaban.

Un día entró en una página de Chats del ordenador y empezó a hablar con un tal Richard del que tenía una foto muy bien guardada en su secreter. Tenía 50 años, era alto y apuesto. Moreno, de ojos negros y profundos?.

Había empezado a contarle las cosas cotidianas, sin importancia para los demás, que ella hacía: llevar a sus hijos al colegio, asistir a tutorías, atender la casa. Para él todo era importante. Todo lo que ella hacía.

Hacía ya un mes que le había confesado que se había enamorado de ella y quería conocerla. Le decía cosas bonitas, cosas que la estremecían, cosas que su marido hacía tiempo que ya no le decía. Cosas que anhelaba, tantas cosas que al pensarlas, un escalofrío de placer la recorría por dentro y la hacía perderse en esa maraña de sensaciones ya olvidadas..

Debía fijar un día, una hora y lugar para verse. Debía llevar algo rojo, eligió un clavel, como en una cita de adolescentes. Lo prohibido la atraía como un imán y, sobre todo, sus ojos que sin hablar la traspasaban hasta dolerle el alma.

Se puso delante del ordenador, tecleó su clave y, de repente, de la pantalla salió un destello de colores que le dió una sacudida brutal y repentina, al tiempo que miles de tentáculos la rodeaban, la atrapaban y buscaban su garganta: apretando, hurgando, haciendo daño.

Quería gritar y no podía. Llamar a su marido pero los tentáculos de hierro la atenazaban más y más.

De repente y tras un nuevo destello de luces diminutas de miles de colores que la cegaban, las tenazas la soltaron. Gritó y gritó con todas sus fuerzas. Salió corriendo y gritando a la vez hasta que la sacudida firme de su marido la devolvió a la realidad.

¡Richard! ¡Richard! ¡Tengo miedo!.

Su marido le contestó: Amor, soy Tomás, tu marido y es una pesadilla. ¡Despierta!.

¡Tengo miedo: me ahogaban!

Su marido le preguntó: ¿Quién era Richard, gritabas ese nombre?

Ella contestó: No sé, alguien que me hacía daño.

Relato ganador de la I Edición del certamen cruel de Relato Breve “El Feo”.