I Concurso de Relatos oniricamente acuáticos (CROA)

18 de agosto, 2002

El pasado 18 de agosto se falló el premio del jurado del primer concurso de Relatos oniricamente acuáticos organizado por la Escuela de Escritores con la colaboración de la Lista de correo de Escritura Creativa.

En este concurso se premia lo tópico, lo exagerado, lo manido y amanerado. Todo aquello que creemos nos hace buenos escritores cuando somos principiantes y en realidad produce el efecto contrario.


Ganador

Clara Mata
Mientras yazgo agonizante
Fue un tórrido verano. El inclemente sol laceraba con ígneos lengüetazos durante aquel verano en un lugar de Almería, de cuyo nombre no conservo memoria alguna. Resulta que allí estuvo a lo largo de tan tórrido verano, Julieta. Era increíblemente hermosa y virtuosa y su piel era de melocotón, y sus dientes, cual perlas, aunque esperare de la vida algo mejor.

Casose tan bella muchacha con un hombre hace años pero no por amor, sino para salir del pueblecito donde se aburría bastante. El marido entonces le brindó una vida más aburrida aún si cabe. Llena de labores del hogar y de rutina. Entonces ella, cuan soñadora era, quedó subyugada de amor por un gallardo y esforzado caballero y jinete, que había llegado al tórrido pueblo donde moraba el matrimonio hacía poco. Por lo visto este joven tenía un obscuro y negro pasado. Por lo visto había amasado una fortuna tras pasar varios años aprisionado en la cárcel tras haberle pillado la policía tras apuñalar a hachazos a una vieja que atesoraba pingües joyas y dinero, cuyas joyas y dinero él necesitaba y merecía más que ella, por que lo que le pasa es que era una alcahueta, tras lo cual, él fue a prisión tras cuya estancia amasó fortuna. Su nombre, Calisto. Se encontraron un día Julieta y Calisto y fueron tocados por el cupídico infortunio, que los arrojó al uno en brazos del otro, por que no existe voluntad humana que pueda escapar a los caprichosos designios de Eros, el dios griego del amor, y de su homónimo romano, Cupido. Fue un momento que duró una eternidad. Calisto, presos los ojos del centelleo de los mismos de Julieta; ella, prendada y prendida de la hirsuta melena, azabache cascada, que coronaba la testa de su amado. Se fueron de inmediato y sin perder un segundo a ver si podían consumar y consumir su tórrido fuego interno lejos de el inclemente e ígneo y tórrido sol del verano, que tan ardua hace la movilidad. Entonces eligieron una playa, desierta, denoche. Y allí, al abrigo de la noche, cuyo manto de estrellas ya había sido extenso. Se fundieron en un abrazo. La mar rugía al unísono de sus turgentes cuerpos tendidos cual náufragos sin más atavío que el cuerpo del otro, y como única luminaria, el faro de la luna, cómplice silencioso, eterna amiga. Se juraron amor eterno. “¿No es verdad, Julieta mía, que en esta apartada orilla, no sólo la luna brilla, sino que además se respira mejor?”, proclamó Calisto, a lo que una tímida, aunque arrobada Julieta, contestó, ” si”. Entonces ella confesóle a Calisto que su marido sospechaba. ” Calisto, ángel de amor, ¿ recuerdas el jersey que te vengo tejiendo por el día, que me dijiste, este Jersey, Julieta, el sobaco me aprieta?”, a lo cual él respondió, “si”. “Pues resulta que lo destejía por las noches para agrandarlo, y mi marido se lo probó un día y me acusó de agrandarlo por las noches por la sisa”. “He de matarlo”, díjole Calisto de inmediato, “nadie, salvo yo, emancillará tu virtud” .El alba comenzaba a despuntar. La madrugada los sorprendió tendidos cual náufragos cuan largos eran sobre el delicado mineral, arenoso lecho. Y el marido también les sorprendió. Entonces Calisto, con la fuerza del amor, forcejeó contra él, y luego le mató, pero seguídamente mutó en gigantesca cucaracha y entonces, Julieta, a su vez, quedó muda y no volvió a hablar, con lo que como consecuencia pasó los cien años restantes en soledad. Por que Dios juega a los dados con los destinos de los amantes, aunque la vida no sea si no eso, meros sueños, sueños son.


Finalista

Sergi Vidal
Yo
Paupérrima, la balaustrada de tu raro orgullo típico en lectores de bazofias hiere el mío por su falta de fe en el fanático i frondoso quehacer de aquellos sabrosos nigromantes de todo lo que no es vida, e irrumpe en mi alterado e ignoto caparazón sesudo de manera que me incita a la desvergonzada intemperancia y a un desvergonzado e insalubre celo y afán de destrucción de todo lo repulsivamente tuyo, a veces, realmente repulsivo e inconsumible por el resto de la humana humanidad, que no quiere, no debe, no se propone (absolutamente cierto) entrar en esta espiral tuya por antonomasia, aunque no sea óbice tener en cuenta varias cláusulas de origen dudoso en el oscuro curso de tu iniciación en el profundísimo e ignotísimo pozo negro y oscuro de tu rápida, vertiginosa e inmediata ascensión en el mundo de las pompas funebres de esta escritura tan tuya, retuya y solamente tuya.

Teniendo, pues, en cuenta, lo pragmático, e inmediato, de mis aseveraciones en pro de una clara, abierta y profunda conducta mundial en contra de tu falsamente retribuida i adinerada conducta irracional de estas pompas funebres tuyas, he decidido por la gloria de mi más absolutamente sagrado i pío progenitor, congraciar-me con este resto de mundo mundano, llenar-me de esta humanidad tan suya, i prevalecer por encima de todo aquello que, indudablmente indecoroso, aboga por la polvorienta i desgarradora continuidad de tu quehacer como constructor virtual de pompas fúnebres en forma de palio mortuorio literario: por ello más que nada obligote a ti, humano lector, a que leas con sumo agrado el producto de mis artesanas, santas i bonitas manos i no el de la impías zarpas de semejante, y inconmensurable arpía macho de las superfícies terrestres. Todo esto, claro, en clave de buen rollito literal, por supuesto. Sin lugar a dudas, semejante presente, no pretende sino despejar las dudas de la humanidad acerca de mi condición de ilustre y legítimo soberano de esas canalladas que muchos llaman novelística, tratandose relamente de arte en mayúsculas, que pide a gritos la ascensión a las níveas alturas aletargadas por la blanca nieve que las cubre, de este sinfín de buen gusto y buen hacer que ha marcado estos últimos agradecidos años que, como crones, han venido dando lo mejor de ellos mismos por inmensa gloria de su pío progenitor que en este caso no es si yo.

Hostias: en el fondo no acaba de ser lo asquerosamente malo que uno, en su tremenda persistencia hubiere podido ser apenas capaz de imaginar en su persistencia… por que leído de refilón, entornados los gráciles ojos en amorosa postura, uno es perfecta y absolutamente capaz de encontrar aquel algo de que hablaba Calderón, aquel algo que, perfectamente consciente en la mente mental del humano más hombre, es capaz de convertir, con su insana y asquerosa propiedad una mierda en miel para bien de muchos incluido yo… por tanto, no siendo totalmente extranyo el hecho de que sea uno quién derrote al conjunto de los demás, quedaremos en que la miel es miel, la mierda, mierda, y que se eleven las pompas fúnebres a las alturas, que ganas, sí, ganas tenemos de ello todos los seres humanos.