
Donde el productor televisivo comenta al presentador el contenido de algunos programas y su influencia en otras cosas dignas de mencionar en medio de una conversación a la que asisten también escritores editores y periodistas.
Terce finalista del II Concurso de Plagio Creativo de la Escuela de Escritores-Tal y como usted dice, querido amigo -dijo el productor-, y por todo ello son más censurables los que hasta aquí han realizado semejantes programas, sin tener en cuenta ningún buen gusto, ni modos ni reglas por donde guiarse y hacer espectáculos decentes, como lo son en realidad los programas que en otra gloriosa época hicieron maestros del género que no es necesario nombrar y de los que ahora tan escasos andamos.
-Yo, por lo menos -añadió el presentador-, he tenido cierta tentación de hacer un programa de entretenimiento, guardando en él todos los puntos que he considerado de interés; y si es necesario repetirlo, recuerde que tengo emitidos más de trescientos programas. Y para saber si éstos se correspondían con una valoración objetiva del público, hice encuestas entre hombres del mundo de la cultura, del arte y del espectáculo, y también entre otros que no forman parte de esos ámbitos, ya sabe, ese tipo de gentuza que sólo necesita escuchar idioteces antes de acostarse, siendo además el
share más que satisfactorio; pero, con todo ello, he decidido no continuar adelante, así por parecerme que hago algo diferente a lo que mi profesión me debería haber encaminado, como por ver que son más personas vulgares las que me siguen que las realmente inteligentes, y que, puesto que es mejor ser admirado por unos pocos merecedores de mi respeto que adorado por multitudes de necios ignorantes, no quiero sujetarme al confuso juicio que la sociedad me reserva en el futuro si continuo con ese programa. Así que no está el error en la audiencia, que pide disparates, sino en aquellos que no saben ofrecer otra cosa diferente en cada temporada.
-En materia ha entrado usted, como presentador -dijo a esta sazón el productor-, que ha despertado en mí un antiguo rencor que tengo contra los programas como el suyo; porque habiendo de ser el entretenimiento, según me parece espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres de nuestra sociedad e imagen de la verdad que nos rodea, el que ahora se representa en nuestras pantallas diariamente es espejo de disparates y necedades. Y todo para conseguir que los espectadores vengan a ver la televisión cada noche; que todo esto es en perjuicio de la verdad y en menoscabo de las noticias ciertas, y aun en oprobio de la cultura y dignidad nacionales. A lo cual respondería yo que este fin se conseguiría mucho mejor, sin comparación alguna, con los programas buenos que con los no tales; es cierto, porque de haber visto un show artificioso y bien ordenado saldría el espectador alegre con las burlas, enseñado con las informaciones veraces, admirado de los sucesos, discreto con las razones, advertido con los embustes, sagaz con los ejemplos, airado contra el vicio y enamorado de la virtud de sus maravillas; que todos estos afectos ha de despertar el buen espectáculo en el ánimo del que lo viere, por rústico y torpe que sea, y de toda imposibilidad es imposible dejar de alegrar y entretener, satisfacer y contentar, el espectáculo que todas estas partes tuviere mucho más que aquel que careciere de ellos, como por la mayor parte carecen estos que diariamente ahora se emiten. Y no tienen la culpa de esto los productores que los financian, porque algunos hay que conocen muy bien en lo que invierten su dinero, y saben extremadamente bien lo que deben hacer; pero como los
reality shows se han hecho mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los directivos de las cadenas no se los comprarían si no fuesen de aquel tipo; y así, el productor intenta acomodarse con lo que el directivo que le ha de pagar su programa le pide.
A este punto de su coloquio llegaban el presentador y el productor, cuando, adelantándose el periodista, llegó a ellos, y dijo al presentador:
-Aquí, querido amigo, es el lugar que yo dije que era bueno para que, comiendo nosotros, tuviesen nuestras mujeres la oportunidad de ir de compras por Serrano.
-Así me lo parece a mí -respondió el presentador.
En tanto que esto pasaba, viendo el editor que podía hablar en privado con el escritor sin la presencia del presentador el productor y el periodista, que tenía por sospechosos, se acercó al lugar donde iba el escritor, y le dijo:
-Amigo mío, para descargo de mi conciencia le quiero advertir lo que pasa aquí; y es que estos que vienen encubiertos de aduladores suyos son el presentador más rastrero y el periodista más vil del panorama nacional; e imagino que han organizado todo esto de llevarle de esta manera, de pura envidia que tienen de usted que se les adelanta en hacer excelentes críticas y comentarios en otros medios relativos a la mediocridad de sus programas. Presupuesta, pues, esta verdad, supongo que no va engañado, sino cegado y tonto. Para prueba de lo cual le quiero preguntar una cosa; y si me responde como creo que me ha de responder, tocará con la mano este engaño y verá como no va engañado, sino trastornado el juicio.
-Pregunta lo que quisieres, gran amigo -respondió el escritor-; que yo te contestaré a todo. Y en lo que dices que aquellos que allí van y vienen con nosotros son el productor y el presentador de ese programa tan nefasto, nuestros conocidos, bien podrá ser que parezca que son ellos mismos; pero que lo sean realmente y en efecto, eso no lo creas de ninguna manera. Lo que has de creer y entender es que si ellos se les parecen, como dices, debe de ser que los que me han invitado habrán tomado esa apariencia y semejanza; porque es fácil a los aduladores tomar la figura que se les antoja, y habrán tomado ésta nuestros amigos, para darte a ti ocasión de que pienses lo que piensas y ponerte en un laberinto de imaginaciones, que no aciertes a salir de él, aunque fuera cuestión de vida o muerte. Y también lo habrán hecho para que yo vacile en mi entendimiento, y no sepa atinar de dónde me viene este daño; porque si, por una parte, tú me dices que me acompañan el productor y el presentador del programa de más audiencia, y, por otra, yo me veo obligado a hablar favorablemente de ello en mi columna semanal, y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran sobrenaturales, no fueran bastantes para hacerlo, ¿qué quieres que diga o piense sino que la manera de su adulación excede a cuantas yo he visto hasta ahora y me sobrepasa? Así que bien puedes darte paz y sosiego en esto de creer que son los que dices, porque así son ellos como yo soy su cabeza de turco según tú. Y en lo que toca a querer preguntarme algo, di; que yo te responderé, aunque me preguntes de aquí a mañana.
-¡Oh Dios mío! -respondió el editor, dando una gran voz-. Y ¿es posible que sea usted tan duro de cerebro y tan corto de miras, que vea que es pura verdad lo que le digo, y que en esta invitación a comer tiene más parte la malicia que la adulación? Pero, pues así es, yo le quiero probar evidentemente como no va adulado. Si no, dígame, y así vea en sus manos el mejor premio editorial cuando menos se lo espere.
-Digo que no mentiré en cosa alguna -respondió el escritor-. Acaba ya de preguntar; que en verdad que me cansas con tantas preguntas estúpidas, amigo.
-Digo que yo estoy seguro de la verdad y objetividad de la que usted hace gala en sus comentarios; y así, porque hace caso de ello, pregunto, hablando con prudencia, por si después va usted adulado y, a su parecer, engañado a esta invitación le ha venido la gana y voluntad de mear, como suele decirse.
-No entiendo lo de mear, amigo; ¿A que viene eso ahora? Aclárate más, si quieres que te responda correctamente.
-¿Es posible que no entienda usted lo de mear? Pues en la escuela destetan a los chiquillos que lo hacen encima. Pues sepa que quiero decir si le ha venido la gana de hacerlo esa sería la mejor excusa para quedar como un señor y salir de aquí.
-¡Ya, ya te entiendo, amigo! Y muchas veces; y aun ahora la tengo. ¡Sácame de este peligro; que tienes razón y no anda todo claro!