
Madrid, 1 de noviembre de 2006
Querido Luis: Hace una semana me decidí a abrir la caja de
recuerdos de nuestra relación y los papeles que sólo
estaban impresos por una cara, empecé a usarlos
como papel reciclado.
Hice dos montones. Uno lo dejé en la cesta de
mimbre del salón donde antes dormían apiladas las
revistas viejas. El otro me lo llevé a la oficina y lo
coloqué en una bandeja encima de la cajonera.
Sobre el programa del Réquiem de Verdi que vimos
en Praga, tomé algunas notas en la reunión de tráfico
de los lunes.
En la servilleta del bar de Malasaña donde nos
enrollamos, hice unos dibujos tontos mientras hablaba
por teléfono con un proveedor.
Sobre la factura de la casita de Cabo de Gata a la que
fuimos en Semana Santa, apunté la lista de la
compra.
Detrás de la foto de Carnavales, en la que íbamos
disfrazados de Adán y Eva, escribí "Miércoles 15,
dentista a las 16:30".
Sobre el e-mail que me mandaste para darme ánimos
cuando murió mi perra, apunté una receta de
merluza con salsa de pimientos que descubrí en un
programa de la tele.
En el reverso de la entrada del concierto de
Madonna, le dejé escrito a la asistenta que, por favor,
comprara ella los productos de limpieza.
Detrás del post-it que me dejaste en la puerta del
frigorífico con un corazón atravesado por una flecha,
tomé nota de los números ganadores de Euromillones.
Sobre la carta en la que me decías que no podías vivir
sin mí, apunté el teléfono de un chico que conocí en
la fiesta de cumpleaños de María.
La montaña de papeles de la oficina se acabó rápido.
La de casa va por el mismo camino. No sabes lo bien
que me siento después de haber contribuido a la
preservación del medio ambiente.
Un beso. Cristina.
Nota: Carta finalistas del VI Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor