
El segundo libro de cuentos de Ignacio Ferrando, profesor de relato y escritura creativa en la Escuela, acaba de ser publicado por la Editorial Castalia. Se titula
Ceremonias de interior y reúne doce relatos escritos en los últimos dos años. Ha sido el libro de cuentos ganador de la XIX Edición de los Premios Tiflos de Literatura, organizados cada año por la ONCE.

El libro de cuentos de Ignacio ha sido publicado por la Editorial Castalia dentro de su coleeción Albatros. Citando la contraportada del libro: «
Ceremonias de interior reúne doce relatos unidos por un caudal narrativo quirúrgico, íntimo y sensual. Un susurro que transcurre muy cerca del subconsciente del lector, donde le atrapa sin remisión, le hunde en las vísceras de la trama y ya no le suelta hasta el final, exhausto y entregado a su propio silencio interior, desconfiado de lo externo.
Un boxeador que pierde todos los combates, un capitán que tras la guerra intenta seducir a la novia de un recluta muerto, un reloj biológico que marca el compás de Elena Tzetner, una chica que llega en mitad de la noche para quedarse en casa de su vecino, un aspirante a saxofonista que modela Venus de Milo en sus ratos libres, la verdadera historia de Ícaro y el minotauro y una amante convertida de repente en araña son algunas de las tramas de una de las voces más personales y comprometidas de la nueva narrativa contemporánea. »

Caballero Bonald entrega el premio a Ignacio Ferrando

Ganadores y jurado del concurso
Os dejamos con las palabras de Ignacio el pasado día 26 de abril, en la entrega de premios del Concurso Tiflos y la presentación de "Ceremonias de interior".

«Soy ese tipo de hombre que busca las esquinas del mundo. Un oteador de esquinas. En cada una hay un relato y yo estoy ahí, con mi antropófaga pasión por las esquinas, para atraparlas antes de que se conviertan en eso, en nada, en aire, en tres aristas convergiendo en un mismo punto.
A los catorce años escribí mi primer libro de relatos. Evidentemente, por razones obvias, lo guardo en un sitio seguro que jamás encontraréis. A veces, cuando tengo nostalgia, abro esa caja. Y lo hago despacio, muy despacio, como si contuviera trescientos quilos de amonal. Hojeo los folios amarillentos y me sonrojo. Se trata de historias de terror, absurdas y descabelladas, tan sembradas de cadáveres y zombies resurrectos, como de faltas de ortografía y errores gramaticales.
Veinte años después, con la misma ilusión y con lo que he aprendido (que espero, sea bastante) y gracias al apoyo de la ONCE y del premio Tiflos, publico este segundo libro de relatos del que me siento, y permítanme el lujo esta tarde, muy orgulloso. Máxime por la calidad de la edición y el trabajo que ha hecho Castalia al publicarlo. "Ceremonias de interior" recoge mi trabajo de dos años intensos en los que he ensayado con la narrativa, arriesgando al máximo, todo con corrección y caballerosidad, como en los buenos tiempos, buscando, eso sí, la comunión con mi lector. Porque eso es lo más importante. No cualquier lector. Si no mi lector. Otros escritores desprecian a su lector. Y para mí esa actitud es un gran error. Yo siempre le he tenido presente en mis oraciones y de la convicción de que es una parte leal, más inteligente que yo y predispuesta a escuchar, han surgido estos textos, que llevan un título que es casi un susurro, una confesión a dos bandas, "ceremonias de interior". Una liturgia de dos con el único intermediario de las palabras y quizá, sólo quizá, una tarde lluviosa, una hamaca en la playa o el silencio absoluto de una tarde de domingo.
Escribo literatura de ficción no sólo porque soy un oteador de esquinas, o porque me da la gana, sino porque en ellas se pueden alterar los caprichos del tiempo y del espacio, de la naturaleza y el destino de las cosas. Bueno, esto parece muy complicado. Pero no lo es. La vida es aburrida de por sí y está llena de dentistas, de trayectos en autobús, de comuniones y bodas de amigos y de líneas, simplemente eso, líneas convergiendo por todas partes, reclamando su orfandad. Y yo, qué le voy a hacer, prefiero desnudar a princesas prusianas, matar al del aparcamiento que rozó mi coche, eso sí, en un duelo entre caballeros, espalda contra espalda, o colgarme la mochila y perderme en los campos de Crimea. En la ficción, como en el mundo de los niños de catorce años que escriben libros, puede pasar esto, que las esquinas se transformen en palacios sumergidos y la vecina del quinto se zambulla en su bañera convertida en sirena. De hecho, en mi libro, y no se lo digan a nadie, hay una a la que le pasa. Por eso escribo y por eso escribo ficción, porque aquel niño se ha hecho un poco más mayor, pero sólo un poco y sigue con su cubo y su paleta taladrando las esquinas del mundo, levantando la cabeza sólo a veces, para respirar, cuando me dejan. Espero que disfrutéis con estos textos y que de verdad sean lo que yo concebí, "ceremonias de interior" que transcurran entre vosotros, los personajes que susurran en su interior y las historias surgidas de las esquinas del planeta. Los que me conocéis, sabéis que hablo en serio.»
Ignacio Ferrando
Residencia de Estudiantes
Madrid, 26 de abril de 2006