El Club: ‘Jam session’ de escritura en Diablos Azules

Ganador y finalistas de las noches de Escuela de Escritores en la temporada 2014-2015 de las ‘jam sessión’ de ficción breve

La jam session de relato breve que dirigen Marcelo Luján y Adrián Gualdioni se ha convertido en el punto de encuentro para los amantes de la microficción en Madrid. Cada semana, un escritor invitado realiza una lectura de sus textos y a continuación propone una frase de arranque para un improvisado concurso de microrrelatos en el que pueden participar todos los asistentes. Durante la temporada 2014-2015 la jam session estuvo protagonizada un jueves al mes por Escuela de Escritores, con profesores y alumnos invitados y un concurso de microrrelatos.

Los asistentes a la jam disponían de poco más de media hora para escribir un relato que incluyera la frase propuesta por el escritor invitado a la lectura previa. Los autores subían al escenario de los Diablos Azules a leer estos textos y el autor invitado seleccionaba al ganador. Al final de la temporada, los profesores de Escuela de Escritores eligieron como ganador anual el microrrelato de Catherine Le Ferrand, finalista del mes de octubre, que recibirá como premio un taller gratuito en los Cursos de Verano 2015 de Escuela de Escritores.

Los textos originales, como no podría ser de otra forma por el formato del concurso, son manuscritos breves que reproducimos en esta página con las mínimas correcciones gramaticales y ortográficas.

 

Ganadora de la temporada 2014-2015

Mes: Octubre (escritor invitado: Ignacio Ferrando)

Autora: Catherine Le Ferrand

La pequeña estaba detrás de la puerta. Esperaba desde hacía unos minutos, inmóvil, ansiosa, obsesionada por el terror de manifestar su presencia, de encarnarse de repente ante los que, adentro, reían, charlaban, golpeaban la mesa al ritmo de las bazas, llevados por la efervescencia del juego.

La pequeña estaba detrás de la puerta y aún no se había atrevido a manifestarse, a golpear -ni siquiera con la punta de los dedos- sobre la puerta que la separaba del mundo:
tenía miedo; oía los clamores de los jugadores, sus blasfemias, y sabía que lo que traía iba a poner punto final a esta armonía, al calor de la velada.

Había empezado a llover. Se había tapado la nuca con el cuello del abrigo, pero sus cabellos empezaban a empaparse y sentía cómo los escalofríos le bajaban por la espalda. Estaba detrás de la puerta y ya no sabía si tenía que llamar, si tenía que entrar o correr a toda prisa como si nada hubiera existido.

Hubiera podido cerrar los ojos, taparse las orejas e imaginar la armonía intacta de la velada. Pero aquí estaba, con el peso de lo que traía, el peso de la desgracia que sólo dependía de ella. Su dedo se detuvo algunos milímetros antes de la puerta. Temblaba. Daba mil vueltas a la noticia que llevaba. El misterio de la verdad no está en que exista o no exista sino en el modo de formular la pregunta. Recogió hacia atrás su pelo mojado y llamó a la puerta.

 

Finalistas mensuales:

Mes: Noviembre (escritor invitado: Kike Parra)

Autora: Silvia Nieva

“Ven ya, me gustas con sabor a sal”.

“No es que la quiera más que a ti, sino que hace más tiempo que la quiero”.

Algunas frases son líneas de salida para pirómanos. He querido quemar las casas de algunos hombres, clavar hachas en sus puertas, esperar que las astillas los desfiguren…

Sentada. Remuevo un líquido con hielo hasta que desaparece. Los bordes cada vez menos afilados.

– Ana, ¿me escuchas?

Levanto la vista. Esperaba estar en otro sitio: un pasillo antiguo con suelo que cruje. Hacha en mano. Cae.

– Humm, ¿¡tú!?

– Sí. Yo. ¿No tienes nada que decir?

– […] ¿Te crees que a mí no me hubiera gustado ponerte los cuernos?

 

Mes: Diciembre (con Alfonso Fernández Burgos)

Autora: Irene Cuevas
Carta a Glenda

¿Sabes? Llevamos cinco años debajo de esta tierra, Glenda, antes aquí crecían las plantas. Ahora, solo de vez en cuando y no para siempre, podemos ver una fractura, un insecto diminuto, apenas un insecto que se cuela entre la delgada línea de tierra que nos separa de lo exterior. O eso es lo que dice: quizá eso sea lo exterior y entonces la línea solo nos separe de la nada.

No podemos estar seguros de lo que hay al otro lado, te digo, ni siquiera podemos estar seguros de este grano de arena húmedo y diminuto que ahora empieza a desprenderse sobre nosotros. Ni del que vendrá después. Ni del último.

Todavía soy puro, Glenda. Todavía.

 

Mes: Enero (escritor invitado: Juan Gómez Bárcena)

Autor: José Moncada Durruti

Todas las mañanas

Debí habérmelo olido. Me extrañó que me llamara para tomar el vermú.

En realidad, no debiera ser extraño. A fin de cuentas, somos hermanos. No es raro que dos hermanos tomen el vermú juntos un sábado por la mañana en Alonso Martínez. Lo peculiar de este caso es que hace cuarenta y cinco años que no nos hablamos.

De ahí que debiera haberme olido algo raro. Debí haber sido más cauto. Hoy no debí haber salido de casa.

Ahí llega. ¡Qué mal ha envejecido! Está decrépito. Tiene el rostro amarillento, apergaminado y una calva grasosa ciertamente repugnante. Reúne todos los tópicos de viejo lamentable. Parece un mendigo.

Mantiene esa mirada acuosa que refleja su espíritu mezquino, calculador, miedoso, como de contable de pyme de rodamientos de medio pelo. Camina penosamente, apoyado en el bastón, con la boca abierta. Enseña los dientes amarillentos de la mandíbula inferior.

Llega. Atención, va a hablar.

–        Has envejecido, Raúl.

Qué cabrito. Cuarenta y cinco años sin verme y lo primero que hace es lanzarme mierda. Desde luego, no ha cambiado.

–        Tú, en cambio, estás hecho un clavel – le digo.

Silencio penoso. Nos miramos. Cuarenta y cinco años no han podido borrar ese odio viejo

–        Y bien, ¿qué tripa se te ha roto? ¿Por qué querías verme, Agustín?

Otro silencio penoso. Habla al fin. Le cuesta.

–        Raúl, es insoportable. No lo aguanto más. Todas las mañanas mamá me despierta con sus gritos.

Me mira con sus ojos de buey afligido, como esperando que diga algo, que el hermano mayor arregle la papeleta, una vez más.

Pobre imbécil. Al fin siento algo parecido a la lástima por él. Este pobre viejo sufre alucinaciones.

–        Tranquilo, Agustín. Debes tranquilizarte. Sabes que eso no es posible…

–        Raúl, lo sé. Pero todas las mañanas ocurre. ¡Todas! Estoy a punto de volverme loco. ¿Qué puedo hacer?

–        Agustín, por amor de Dios, eso es imposible…

Pobre loco. Qué estragos causa la soledad.

Se lo tengo que contar a mamá mañana mismo.

 

Mes: Febrero (escritor invitado: Rubén Abella)

Autor: Gillermo Padilla

Nunca te enamores de tu dentista.
Pedro no fue capaz de seguir esta fundamental premisa. Una semana sí y otra también, fingiendo un insufrible dolor de muelas, exigiendo su extirpación, concertaba una cita con ella.
– Esto te va a doler – le decía la dentista.
– A quién le importa el dolor – replicaba él acomodándose en la butaca, presto a contagiarse en la lucha cuerpo a cuerpo de ella contra su muela.
Y así, diente a diente, me quiere no me quiere, Pedro consiguió quedar con ella para cenar.
Ella pidió solomillo. Él tuvo que pedir sopa.

 

Mes: Marzo (escritora invitada: Paula Lapido)

Autora: Rosa Melendo

El día de mi octavo cumpleaños mis padres me regalaron un vampiro…
Al principio todo fue bien, hasta resultaban simpáticas sus gracias, tiernas sus miradas y contagiosas sus risas pero, poco a poco, se fue revelando su tiranía desmedida. Agotaba mi energía, mi paciencia… Le parecía poca mi atención, disimulaba sus traiciones con un griterío ensayado que a ellos les resultaba convincente y a mi me relegaba a un segundo… a un tercer plano. Disfrutaba con mi decepción y, aún más, con mi miedo a perderlo todo. El chisporroteo de sus ojos se me antojaba fuego infernal, ácido corrosivo que deshacía mi identidad. Pronto no tendría sitio por culpa de ese bicho, o reaccionaba rápido o me volvería totalmente transparente. Cuando mis padres me preguntaron aterrados dónde estaba solo acerté a decir que no habían elegido un buen regalo y a pedir que sacaran esa cuna de mi cuarto, para volver a tener más espacio.

 

Mes: Abril (con Silvia Fernández Díaz)

Autora: Eva Llamazares
Individuo

El día que comprendí que el grupo nunca me aceptaría no lloré. Lloré el anterior y también dos meses antes. Supliqué que se esfumaran los estornudos solitarios, la caricia lánguida de mis dedos en la sien, el libro que se cierra sin más eco que el que oigo yo. Lloré a mis fantasmas y a mis ángeles. Sospeché que me habían escuchado en cuanto llegó la invitación a mi bandeja de entrada. Tienes un evento. Estrené chaqueta, me compré un libro nuevo, me perfumé, me refugié en la sonrisa de los ensayos, y no lloré cuando me colgaron en la solapa una tarjeta con mi nombre y mi dirección.

 

Mes: Mayo (con Tere Susmozas)

Autor: Sergi Vicente
Verdades

– No quiero escuchar un cuento hoy, papá.

– Esta noche he preparado uno muy especial. Esta noche te irás de viaje.

Capítulo 1: Poesía

Érase una vez un caballero andante, enamorado de la más bella dama del reino. Tan hábil con la espada como incapaz de esgrimir la palabra, alegró su ánimo al tener noticia de un poeta, cuyos versos tenían la fama de enamorar cualquier oído de mujer. Sin reparar en gastos o peligros, el caballero emprendió el viaje, acudió a visitarle y le expuso su problema. El bardo prometió una creación, la cual sería entregada una luna después.

Capítulo 2: Pintura

En el poema, brotó una bella metáfora sobre un campesino de aspiraciones artísticas frustradas por el continuo combate cuerpo a cuerpo con la tierra. Sin embargo, la imagen de una dulce aldeana y al amor que le inspira, le capacita para pintar un cuadro delicadísimo, el cual le robaba horas de sueño cada noche.

Capítulo 3: Mitología

En el cuadro, se podía apreciar un arbusto con forma de mujer, cuyos pies eran raíces y sus manos, ramas. En segundo plano, un hombre desesperado buscaba a la huidiza hembra, oculta por su proceso de transformación. La técnica era depurada para las rudas manos del campesino, los colores, impactantemente oscuros.

Capítulo 4: Cine

Debido a sus extraordinarias cualidades, el cuadro fue a parar a manos de un marqués. El campesino jamás pudo firmarlo, por lo que le fue robado el reconocimiento que la historia le debía. Además, dificultó en enorme grado la búsqueda de información de un director de cine, que fue incapaz de encontrar ni rastro de autoría, por mucho que investigó sobre el lienzo que había inspirado su última película.

Capítulo 5: Literatura

En ella, el protagonista, un escritor desquiciado, perseguía sin éxito la inspiración entre bares lúgubres, en tabernas sucias, con botellas de ardiente líquido. Durante la primera mitad del largometraje, no era capaz de escribir una sola línea. Sin embargo, se cruzaba con Dafne…

El joven de 24 años se incorpora en la cama e interrumpe el relato del padre:

– Papá, quiero la puta verdad. Sin adornos.

 

Mes: Junio (autor invitado: Javier Sagarna)

Autor: Jesús Ovidio Gómez Montes
Amor de hermano

Olson casi siempre dice que quiere a su hermano Laplace. Lo dice porque su madre le insiste en que es eso lo que tiene que decir cuando alguien se lo pregunte, porque es lo que está bien, lo sienta o no. O sí, porque tampoco es que no lo quiera, simplemente es su hermano pequeño y es un mocoso y un coñazo y un chivato y hoy está muy enfadado con él: “Niñato, yo quería montar otra vez en El dragón rojo con doble looping invertido y tú, no. Tú te has empeñado en comprar el dichoso globito de Picachu y ahora a Mamá se le ha acabado el dinero y tengo yo que esperar esta cola para el algodón de azúcar, cuidándote encima, mientras ella va a buscar a Papá para que le dé más dinero”.

Olson dice que quiere a su hermano, pero esta tarde, en esta cola, no quiere ni verle. Apenas se dio cuenta de que ya no está allí con él, hasta que llegó su madre y se puso a gritar como una loca. Olson casi siempre decía que quería a su hermano, pero ahora lo sentía de verdad; y no sólo porque su madre estuviera llorando, sino porque había algo en su garganta que de pronto no le dejaba respirar y había algo en sus sienes que le apretaba muy fuerte.

Olson avistó el globo de Laplace en la distancia y sintió por primera vez que lo quería de verdad, un escalofrío le recorrió la espalda cuando al bajar la vista por la cuerda del globo de Picachu le vio de la mano de un tipo alto y sucio y desconocido, un tipo de esos de los que su madre siempre les decía que huyeran, que nunca los hablaran ni se fueran con ellos les dijeran lo que les dijeran y les dieran lo que les dieran.