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Equipo de la Escuela: Aarón García
 
 
Cursó estudios de Educación Física y Tecnificación deportiva en la Universidad de Alcalá de Henares de Madrid, pero a Aarón García Peña le acompaña desde muy joven una determinante vocación literaria. Terminados los estudios fundó en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles su grupo de poetas jóvenes (Nocturno i), el cuál dirigió durante cinco años. En esta misma asociación centenaria organizó los ciclos de conferencias, lecturas y recitales: "La poesía está desprestigiada" y "La poesía está justificada". Desde entonces ha trabajado como escritor, conferenciante y declamador para la Biblioteca Nacional de España, el Parlamento Europeo, Obra Social Caja Madrid y universidades públicas y privadas en España y Siria. Impartió la asignatura "Historia de la poesía española del S. XX en Centros OSCUS, y ejerció como creativo publicitario para Número Uno Comunicación. Dirigió la revista digital "Poesía y manta" y el Certamen Internacional para poetas jóvenes de la Casa de Campo de Madrid, desde que él mismo lo fundara en 2002. Desde 2006 trabaja exclusivamente como escritor, docente literario y divulgador cultural. En la actualidad es presidente de la Agrupación de Retórica y Elocuencia del Ateneo de Madrid, director de Comunicaciones y página web de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, profesor de la Escuela de Escritores de Madrid y colaborador del programa "Puntos de Vista" de Radio Exterior de España. Es autor de los libros: Cuidado, Mancha (poesía), Machado, vida y flamenco , teatro autobiografiado (diez representaciones hasta febrero de 2008, la última en el Ateneo de Madrid), Dios y sus cómplices (Poesía) y Enciclopedia Poética de España (Volumen 8). Barcelona en el universo más cercano al nuestro (Poesía).
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Entrevista a Aarón

Entrevista realizada a Aarón García en febrero de 2009
¿Qué te sugiere la frase «El escritor nace, no se hace»? ¿Crees que se puede aprender —y enseñar— a escribir?
No creo en el determinismo genético. Cada miembro de nuestra especie está, en potencia, igualmente posibilitado para desarrollar sensibilidad, una mirada como escritor y la voz propia. La literatura se hace con palabras; sólo es cuestión de conocerlas, saber cómo funcionan, ponerlas a prueba para comprobar qué son capaces de hacer. Sí creo en el determinismo ambiental y, sobre todo, actitudinal. Depende sólo de nosotros aceptar que, para enriquecer nuestra inventiva, para dar sentido práctico al talento, cuantas más herramientas anteriores a nosotros dominemos, más sencillo será desarrollar las propias. ...Y que el corazón no se entrometa durante ese aprendizaje, porque seamos serios: el corazón sirve para lo que sirve. Olvidar las sucesivas correcciones al texto, que es aquello que hacen los escritores para asegurarse de que no acaban haciendo alguna tontería, es un acto de soberbia poco útil. La literatura se hace con el cerebro, esté del humor que esté. Las emociones se nos presuponen, la inteligencia no.

UN MILAGRO TRAS OTRO ES MUY DIFÍCIL

Ser escritor no es cosa de milagros:
La persona que busca ser famosa,
antes incluso de pensar la idea,
ilumina su falta de talento
y va con ilusión a un velatorio.
Escribir en la sombra te hace grande.

El primer paso es siempre equivocarnos,
cambiar una palabra hasta que otra
al fin se nos antoje imprescindible.
Después hay que quitarle lo que sobra
y hacer con ello un niño que no manche.
Dudar de una metáfora perfecta
a veces regenera la esperanza
y puede aprovecharse para un caldo.
El final se presenta cuando quiere
y es fácil de olvidar si te enamoras
en ese mismo instante de un paréntesis.
En el medio se escribe con mayúsculas.
Cuidado con hacer más de lo mismo.
Y prolongar sin más un buen principio
te puede hacer perder toda la noche.

Mentir no siempre da buen resultado,
por mucho que funcione en el cortejo
y demos al lector lo que creímos
importante. Leer a los demás
es lo más concurrido del trabajo.

Creerse un escritor es muy sencillo,
y ser un escritor el más terrible
de todo compromiso con la vida.
El escritor trabaja de que nace
y ya no ha de parar hasta que siente
el peso de las letras en su lápida.
Derecho así tendrá de estarse quieto.
Derecho entonces sí de algún milagro.

Para aprender antes hay que asumir que somos imperfectos. Así que ánimo con los últimos escalones, querido escritor, porque cuando se llega a la parte más alta, a uno le importa poco que esté cansado, tenga la cara sucia, le pique la dentadura, haya sido aprendiz de santo o, por el contrario, arremetido contra la sociedad y algunos comportamientos mediocres. Cuando uno llega a la parte más alta, el paisaje te hace comprender lo imperfectos y especiales que somos. La perfección se queda, siempre por el camino, haciendo fracasar a los cobardes.


¿Qué significa para ti tu labor como profesor? ¿Cómo y por qué comenzaste a impartir clase?
Empecé a enseñar lo que sabía para asegurarme el seguir aprendiendo. Ser profesor es sólo la mejor excusa para escribir, al gún día, buena literatura; aunque reconozco que experimento placer por el mero ejercicio de la práctica docente.

Mi labor es, sobre todo, ayudar a que la otra persona descubra que la literatura tiene un altísimo porcentaje de conocimientos objetivos. Si se ha tenido la maravillosa suerte de experimentar suficientemente con los sentidos antes de los dos años, habremos conectado nuestra reuronas y estaremos aprovechando nuestras posibilidades biológicas; de acuerlo, lo admito. Pero de nada sirve que nuestros axones estén siempre atentos si no somos capaces de generar, mediante la diosa inquietud, una corriente eléctrica tras otra.


¿Cuál es tu relación con el resto del equipo de la Escuela?
Bastante particular. Veo a los compañeros una o dos veces al año, aunque a alguno lo conozca casi como si compartiéramos cocina. La literatura y, sobre todo, la mecánica que cada uno tenemos al escribir, hace posible conocer al interlocutor más de lo que él, incluso, intuyera. Supongo que es una cuestión que va más allá de la lectura comprensiva; imagino que, con alguno de ellos, vivo verdaderamente una relación epistolar. La lectura en la distancia todo lo sobredimensiona por lo que, para evitarnos malentendidos, ni los odios extremos ni los amores desenfrenados tienen cabida entre nosotros. Aún así, mi respeto hacie ellos es exquisito, mi cariño hacia algunos más que merecido.

¿Cuáles son las peculiaridades de tu metodología, aparte de la mecánica común a todos los talleres? ¿Te sientes libre a la hora de aplicar tu criterio pedagógico?
Quizá, en lo que más insista sea en centrar la atención siempre en el lector. Tratar al lector como un ser inteligente que quiere hacer uso de su cerebro al leernos; un lector que se siente útil, que comprueba que se ha pensado en él, al que no se le sobre explice sino que se le sugiera, se le muestre; ése sera siempre un lector satisfecho y agradecido. ¿La metodología?: variable, pretendiendo con ello ajustarnos a cada grupo, cada alumno. Aunque haya características comunes, también se dan, a menudo, atenciones personalizadas dependiendo de las necesidades que puedan sugir.

Esta Escuela te permite crecer como profesor como ninguna otra que haya conocido. El escritor no es únicamente un soporte de información, un mero transmisor de pautas más o menos asumidas como coherentes. Sobre todo es alguien con quien se interactúa y se construye conocimiento. Si el profesor no está cómodo, si no se siente con confianza y suficientemente libre para organizar los cursos según los propios motivos que le llevaron, algún día, a escribir; el alumno tendrá la sensación de estar tratando con un pelele carente de personalidad, con un mero artificio o entidad literaria de alguien que está sentado en el trono de la empresa. Si un profesor no transmite personalidad, cómo va a ayudar a sus alumnos a que la desarrollen en la escritura. Esta Escuela lo tiene claro, quizá por ello haya en ella tanta riqueza de conocimientos y valores.


¿Qué les pides a tus alumnos cuando comienza el curso? ¿Y cuando termina? ¿Cuál es tu nivel de exigencia?
Reconozco ser muy exigente, pero la exigencia se amolda a cada alumno, se particulariza. Para levantar cuaquier edificio hay que empezar sabiendo cómo estructurar y poner los primeros ladrillos, cómo organizar el sistema de cañerías, las bajantes, las juntas de dilatación para que no se venga abajo cuando pase un elefante muy cerca... Después se aprende otra cosa y así consecutivamente. Aprender con prisa es perder el tiempo, pero aprender con demasiado tiempo te resta posibilidades. Así pues, aprendizaje significativo: que el alumno entienda el motivo de la exigencia y empiece a exigirse a sí mismo una vez se sienta seguro, cuando tenga más o menos definidos ciertos principios básicos de la literatura.

A los escritores con los que trato sólo les pido que dejen la genialidad para cuando sepan expresarla. De nada sirve ser un talentoso si no se aprende a demostrarlo. Mi objetivo es que, al terminar el curso, mis alumnos me vean un poco menos imprescindible, porque hayan iniciado conmigo su propio proceso de autonomía y empezado a comprender la dos únicas herramientas de los escritores: la palabra y la ausencia de ésta, hablar o callarse.


¿Qué clima te gusta y procuras que se cree en tus grupos de trabajo?
Interactivo y respetuoso. A partir de ahí se puede llegar donse se quiera. Interactivo porque, como he dicho antes, se trata de que yo también aprenda. El aprendizaje el siempre es multipolar y continudo, no entiende de puestos ni jerarquías. La retroalimentación es la pervivencia de todo conocimiento.

¿Consideras la enseñanza como un intercambio? ¿Qué te enseñan tus alumnos?
Trato de estimular la crítica, la valoración de los textos ajenos. El distanciamiento con el texto es fundamental para empezar a trabajarlo, por eso se recomienda que duerman y no se les despierta hasta que no sean superados los vínculos directos entre lo que se escribió y nuestro ego. Si el distanciamiento es fundamental, qué mejor manera de aprender que la de valorar los textos que no escribimos nosotros, a los que —de principio— no nos une ningún sentimiento de autoafirmación. "Leer a los demás es lo más concurrido del trabajo".

¿Cuáles son las cualidades necesarias, según tu opinión, para ser un buen profesor de escritura?
Lo primero que se necesita son conocimientos; una cierta erudición a la que, si se renuncia, estaríamos defraudando al alumno y a nosotros mismos. El cómo se adquirió la sapienza es "otro cantar"; los orígenes intelectuales de cada escritor son tan íntimos como su propia nómina. Lo importante es que sepa lo que deba o quiera transmitir. A partir de ahí, el cómo lo enseñe también es algo íntimamente relacionado con su carácter o su concepción docente. Sea como fuere, un profesor debería, ante todo, saber comunicar y de distintas formas, para emplear la que le resulte más óptima en cada coyuntura.

Dentro de tu campo didáctico, ¿en qué partes te gusta profundizar?
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¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Y del afán de publicar?
Publicar debe ser el principio de todo escritor. El cómo se publique, cuándo, con quién... es elección particular y —si me permitís— intrascendente. Pero, ante todo, publicar. El escritor debe dar salida pública al resultado de todo su esfuerzo y pasión.

Los concursos literarios son lo que son y están para lo que están. Si son capaces de sacarnos de algún problema económico, estupendo. Si sirven para alentarnos y seguir escribiendo, fantástico. Si posibilitan el contactar con otros escritores, maravilloso. Si con ellos se publica, perfecto. Pero si queremos hacer carrera literaria, son un error que se descubre con el tiempo.

Los premios se emplean hoy en día como meros mecanismos publicitarios o como focos de poder. No interesa tanto la calidad de lo premiado, como la extensión alcanzada del sello empresarial o las posibilidades de intercambio en beneficio propio. Pero quizá éste no sea su mayor desprestigio. En España hay más premios que escritores, y por cada uno de ellos hay entre tres y ocho miembros del jurado. Un poco menos de la totalidad de los jurados no está capacitada para apreciar y dilucidar sobre la obra literaria. Hay muchos ejercitadores de la literatura; pero es difícil que, además, la entiendan.

¿Cómo compaginas la labor como profesor con tus propias creaciones?
Tengo la ventaja de que profesión y necesidades forman parte de la misma actividad: escribir. Sólo me dedico a asuntos que tengan que ver con la literatura. Por poner los ejemplos más persistentes, distribuyo mi tiempo entre la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, las plateas desde donde valoro teatro, los lugares a donde voy a leer conferencias y el ordenador del que no me despego para desarrollar los cursos de la Escuela. El abandono del ejercico de la Educación Física se lo debo, en parte, a la Escuela y a quien me llevó a ella: Javier Sagarna. Algún día aprenderé a escribir para poder expresárselo como merece.

¿Cuál es tu escritor favorito? ¿Por qué? ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?
Acercarse a un libro no es fácil. Uno puede esperar de todo de esos amigos íntimos de la estantería, que pocas veces cambian de lugar con la paciencia de un fósil. No hay mayor espacio desaprovechado que el que ocupa un libro que nunca nos leeremos aunque, como cumpliendo una promesa, esté ahí recordándonos diáriamente lo vagos que somos, con ese aspecto de quien sabe mucho pero a nadie importa, con sus tapas aplastando el amasijo de renglones y una extraña sensación de desaliento amarilleando las hojas. Nos queda tanto por leer que a pocos se les ocurre comenzar a hacerlo. No tengo escritores favoritos. No creo en los buenos escritores sino en las buenas obras, o en los buenos pasajes, estrofas, diálogos... Algunas de las obras que más me interesaron y animaron a escribir cuando contaba con trece años: Dios deseado y deseante, Residencia en la tierra, Poeta en Nueva York, La colmena, Tres sombreros de copa, Niebla, algunos sonetos de Quevedo y culturalismos de Góngora, algo de Cortázar... Hay muy buena literatura que ya conozco y mucha más que desconozco.

Tu último libro publicado es "Cuidado, mancha" (Edit. Jirones de Azul), ¿nos puedes contar algo más sobre tu obra?
Creo que lo mejor será contestar con la poética que está en el dorso: "Al lector, o le aburrimos o le matamos. Un poema malo –de leerse- podría causarte un dolor de cabeza. Un poema bueno –de acabarse- podría matarte a ti y a todo ser vivo en un radio de siete kilómetros. La poesía no es sólo fin y medio de sí misma; el lector debe ser asesinado, pero con todo el cariño. Para este fin exijo que cada verso merezca la pena el esfuerzo de leerse. En el mundo hay dos clases de personas: los ignorantes y los que no quieren serlo. Con la poesía pasa exactamente lo mismo: la hay que no sirve ni para dejarse la vista en ella.

En poesía cada imagen es una defensa de la idea. Sin idea no hay poema. Sin imagen no hay poesía. Ya sea por medio de la idea o de la imagen – si no ambas -, el poeta sólo debe aportar lo que no existe, y ser él mismo hasta cuando miente. Así como sólo si un grano de arena irrita el tejido de la ostra, se forma la perla; sólo si el poeta es irritado debe escribirse el poema. Lo demás es lo de menos".


Has sido declamador en varias instituciones, entre ellas la Biblioteca Nacional y universidades públicas de España e incluso Siria. ¿Crees que la poesía es para oír más que para leer? ¿Es importante la lectura en voz alta también para la narrativa?
La lectura en voz alta forma parte de los orígenes de la transmisión cultural del ser humano. Sus finalidades han sido variadísimas, por lo que nadie puede cuestionar hoy día su utilidad, así que animo enfurecidamente a practicarla. Quizá lo interesante —para el aprendizaje— de la lectura en voz alta de la poesía, la narrativa, el teatro, la zarzuela, la ópera y cualquier otro género literario, sea que ayuda a discernir las necesidades de cambio que necesita la obra.

¿Algún proyecto futuro que nos quieras revelar, sobre tus muchas actividades como escritor, divulgador cultural o poeta?
A finales de este mes saldrá una selección de "Cuidado, mancha", en la Antología Poesía Capital que edita la editorial Sial, y se presentará el próximo 6 de marzo a las 22 h. en el Ateneo de Madrid y, posteriormente, en la AEAE. En unos tres meses publicaré mi próximo libro de poesía con el que hablo de Dios desde siete perspectivas completamente enfrentadas. Y, en este mismo año, sacaré un libro de ensayo sobre la escritura. Me han llamado para ir a Ciudad Real, Pamplona y Morata de Tajuña, para dar sendos recitales. Y seguiré con mis conferencias y mi trabajo en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles.

Por lo divertida que puede llegar a ser, la literatura es algo muy serio. No concibo mi vida sin el placer de recolocar las palabras.




 
 
 
   

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