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Reseñas literarias: El pasado, de Alan Pauls
 
 
Reseña escrita por: Rosamaría Núñez
Fecha: 2004-06-22

Rímini es un hombre que "huye hacia adelante", según lo define su autor. La trayectoria y peripecias de esa fuga, la permanente incertidumbre sobre su causa real, la encarnación entrañable de su motivo aparente, constituyen la trama de una novela que el lector no quisiera terminar.

Alan Pauls es de los escasos escritores de hoy en día que prefieren escribir a figurar, y esto, desde luego, se refleja en la gran calidad y cuidado de sus textos.

El escritor porteño nació en 1959 y vive en Buenos Aires. Estudió Letras, ha dado clases en la universidad, es traductor y se dedica a escribir, no sólo literatura sino también ensayo, crítica literaria y guiones para el cine y la televisión. Algunos de sus artículos pueden consultarse en la muy recomendable página web de Sololiteratura. Pauls lleva publicadas cuatro novelas, de las cuales la última es El pasado, que le ha valido el Premio Herralde de Novela de 2003.

El pasado es una novela de 551 páginas. El protagonista, Rímini, bautizado por el autor en honor a la ciudad donde nació Fellini, es un traductor profesionalmente muy consolidado, taciturno, afligido por un sentimiento de desamparo que irá desplegándose a lo largo de la novela, entretejido con una comicidad involuntaria del personaje que mueve a la ternura. Comicidad, cabe señalar, que no es exclusiva del protagonista, sino que refleja la mirada del autor sobre la vida. Una vida trágica, hecha de encuentros entrañables y desencuentros acosadores que nunca acaban de asimilarse. Rímini discurre como una sustancia informe de una relación amorosa a otra, buscando apoyo y a la vez huyendo de esa firme estructura que donan las mujeres, cuya existencia se ancla en el amor y la maternidad, en la memoria. Pero Rímini tiene la voluntad del agua, de resistir toda contención.

La novela está compuesta por párrafos muy largos, construidos con oraciones complejas y una riqueza de vocabulario fuera de lo común en los escritores de hoy. Pauls domina el lenguaje con enorme destreza, el lector lo ve amasarlo y darle la forma que se proponga, con aparente facilidad y resultados sorprendentes página tras página. La descripción de la trayectoria de una pelota de tenis puede ocupar casi una página y cautivar al lector por la recreación visual del efecto de la bola y la capacidad del autor de imprimir a un hecho tan banal la importancia conferida por la destreza lingüística. Además, si bien como muchos escritores que se han curtido en la traducción (como Javier Marías) tiene una prosa impecable aunque poco espontánea, Pauls utiliza, sin abusar, un léxico muy argentino que no sólo no queda fuera de lugar entre la prosa pulida y elegante, sino que le infunde calidez al texto. Pauls, escritor de la envergadura de un Philip Roth, anula toda posibilidad de hacer referencia a la forma y el fondo de esta novela, porque la trabazón entre ambas es perfecta y constituyen una unidad indisoluble.

Es inevitable evocar a Oliveira, el de Rayuela, al ir conociendo a Rímini. Hombres profundos, hombres sensibles e inteligentes, heridos de una incurable melancolía que los hace transitar por la vida en sordina, acompañados de mujeres míticas, maternas, donadoras de refugio y a la vez, celadoras frustradas que no llegan jamás a hacer entrar a sus machos al redil. La comparación con Cortázar es inevitable, los protagonistas de Rayuela y El pasado serían casi gemelos, pero han pasado 40 años entre la publicación de ambas obras y la mirada de Pauls es muy contemporánea. Rayuela es una novela triste, El pasado conjuga la amargura con una vitalidad bajo la piel que infunde regocijo a la obra y deja ver a un autor que no está buscando verdades trascendentales ni se siente desahuciado al no encontrarlas, como Cortázar, sino que está anclado en la paradoja permanente de una existencia concebida como un aleph borgiano, que todo lo contiene, en el mismo momento y en toda plenitud, y que le permite sonreír y ver la vida con compasión y a momentos con risa franca.

Pauls tiene la maestría de crear situaciones trágicas teñidas de un humor que hace estallar la risa, pero sin sarcasmo, sin canibalismo de ninguna especie. Las mujeres que aparecen en su novela son, por contraste con el hiperrealismo del protagonista, figuras ideales, dotadas de poderes capaces de desviar la trayectoria de los hombres como fuerzas siderales. Sin embargo, al final de la novela, Pauls consigue dejar de lado esa imagen de las mujeres para presentar, en su constante juego de contradicciones, a un grupo de militantes del amor, decepcionadas, aguerridas, confundidas, desorientadas, que finalmente bajan de su pedestal para compartir con Rímini una condición humana en el desamparo y el júbilo, con un final perfecto, que me abstengo de describir para que el lector lo goce en plenitud.

La publicación de El pasado es un acontecimiento de las Letras. Estamos ante un autor que todavía tendrá mucho que darnos. Un autor que no es producto de la máquina de los premios literarios, capaz de cortarle las alas al más prometedor de los escritores y de encumbrar a patentes mediocridades, como tristemente constatamos año tras año. Literatura, gran literatura la de Pauls. El pasado no es un libro de lectura fácil, ni mucho menos un libro pedante o para pedantes. Es una novela "con toda la barba". Permite gozar de la lectura aplicando todas las facultades que este arte estimula y requiere del lector. A quien le interese una historia fácil y jugosa, que se aleje. El pasado no es para él. Es una novela que exige un compromiso intelectual y afectivo, porque leyéndola se sufre y se goza, se aprende y se sale distinto que al iniciar su lectura.



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