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José Saramago nos demuestra una vez más con esta novela por qué ha sido merecedor de un
premio Nobel de literatura. En esta ocasión el autor nos propone un viaje literario a través de
la Lisboa de 1936 de la mano de un personaje que se despide del mundo desde su doble
faceta de sujeto real e inventado. Ricardo Reis sobrevive nueve meses a Fernando Pessoa
y, de esta manera, concluye un ciclo vital que comienza el primer día de gestación biológica
del poeta portugués.
Este esquema existencial de proporciones asombrosamente simétricas envuelve una
historia cuyo desarrollo se apoya en las conversaciones de dos personajes que
son la misma persona pero bifurcados y diferenciados por obra y gracia de la creación
literaria. Ricardo Reis llega a Lisboa procedente de Brasil. Es un hombre sin pasado,
pero con un carácter conformado por la expresión de trazos que lo dibujan en tonos apagados.
La rutina y el anonimato presiden su vida, así como la provisionalidad de una existencia que
se refugia en una habitación de hotel. Sin embargo, en su inevitable camino hacia su
extinción el amor y el sexo conducen su vida por caminos imprevistos.
Las profundas reflexiones sobre la condición humana, siempre presentes en la obra de Saramago,
aquí adquieren una dimensión histórica concreta. Los ecos de los convulsos acontecimientos que
vive España en 1936 llegan hasta el Portugal salazarista e interfieren en las actitudes y
posiciones de una sociedad que se mueve entre el miedo y el triunfalismo.
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