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Se estrena estos días la versión cinematográfica de ''La Fiesta del Chivo'', y es una buena ocasión para recordar esta novela intensa, llena de emoción, de dolor latente, de dureza despiadada, tan perversamente humana.
Vargas Llosa recurre a los recuerdos de una funcionaria de Naciones Unidas que vuelve a su ciudad natal para reconstruir la muerte de Trujillo, el dictador dominicano. Es una obra cargada de historia, heredera de hitos de la literatura hispanoamericana (Tirano Banderas), con una fuerte carga crítica, no sólo política sino también moral. La moral del poder, la moral de la lealtad. La moral de los hombres.
Un escritor hispanoamericano me explicó una vez que las actuales generaciones de novelistas tratan por todos los medios de huir del realismo mágico. Vargas Llosa, en ''La Fiesta del Chivo'', sin duda lo consigue. Realismo puro y, sobre todo, duro. No hay magia. No hay más.
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