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Esta novela es una ucronía, un juego mental mediante el que se reconstruye lo posiblemente
histórico imaginando como ocurrió lo que ¿no llegó a suceder nunca?, y lo pongo en interrogante
pues Jesús Caudevilla nos acerca a la cultura de los guanches de Tenerife, en tiempos inmediatamente
anteriores a la conquista, cuando en España reinaban Isabel y Fernando.
Con una sencillez que sorprende, hace un guiño al tiempo para reivindicar una cultura que "después de transcurridos más de quinientos años desde que fue reprimida, merece su difusión, reparando el olvido histórico", podéis leer en la contraportada.
Me ha gustado mucho el planteamiento del juego mental, que, como os digo, nos lleva quinientos años atrás en el tiempo con una naturalidad sorprendente, y nos encontraremos en Tenerife en los momentos previos al descubrimiento de América, cuando la isla estaba dividida en nueve menceyatos o reinos. Nuestros sorprendidos protagonistas vivirán en el de Taoro, pero también sufrirán sobre sus almas el terror a la Inquisición desde dos días antes del Descubrimiento hasta la represión de la cultura guanche, pero antes venceremos- una única vez- a Don Alonso Fernández de Lugo, en un último vuelo Fénix que estaba condenada a ¿desaparecer?
Este marco de retazos históricos, a los que nuestros protagonistas se enfrentan conociendo el ineludible final, está sembrado de detalles sobre cultura, creencias, formas de vivir, incluso de alimentarse, del pueblo guanche en lo que Jesús ha pretendido que sea un “homenaje a esos seres cuyas voces aún pueden oirse por quienes poseen la sensibilidad de escuchar. Voces que surgen de los senderos, barrancos y acantilados de la isla”.
Y con la misma facilidad que nos lleva atrás en el tiempo, en el momento culminante de la victoria castellana, el autor traerá a sus personajes al presente, quedando sin respuesta el sorprendente viaje a través del tiempo, un viaje que modificará las creencias que nacen del desconocimiento.
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