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Tres novelas ejemplares y un prólogo, es indudablemente una obra de carácter notable donde se destaca un estilo sobrio impregnado de un dramatismo realista ostensible y ensordecedor. Es además, una novela de estructura abierta con posibilidad de múltiples lecturas en la cual, el escritor vasco hace gala de su portentosa erudición y capacidad filosófica, para auscultar en la psiquis de sus personajes o agonistas alentándolos a vivir o a luchar independientemente de su creador. El mismo autor se constituye un personaje encarnado que reflejará sus múltiples identidades e inquietudes existenciales. El realismo del personaje sobrepasará al autor mismo. Es importante el uso de neologismos como nivola para referirse a sus novelas, las voces lugareñas, los modismos y el juego con el idioma, los diálogos en función de inventar técnicas narrativas reformadoras además de la proposición al lector en el Prólogo, a ser colaborador en la creación de esas “criaturas reales” que serán los personajes. El lector re-creará (volver a crear) los personajes y se recreará (deleitará) con ellos en un mundo literario plasmado de una realidad que no pretende ser inventada, sino creada en carne y huesos, de la vida misma.
En Dos madres, existe un paralelismo entre la historia bíblica de Raquel la de Jacob, quien al ser estéril, le da su esclava Bilá a su esposo para gozar de ser madre a través de otra. Lo mismo hará Raquel, la del texto, cuyo vientre estéril se transmuta en una obsesión malsana y patológica. La viuda moverá los hilos de los demás personajes con perniciosa maña para alcanzar su objetivo. Don Juan, encarnará al dandy que no puede querer cambiar nada porque no cree en nada, y por tanto no tiene ninguna ambición. El dandy renuncia a cambiar el mundo, no busca la superación hacia el porvenir, hacia un nuevo orden de valores, sino que se mueve entre ellos ignorándolos, sin la esperanza real de destruirlos o superarlos, en un círculo vicioso estéril y gratuito .
En El marqués de Lumbría, como en Tristán e Isolda, Carolina y Tristán estarán unidos por un amor invencible, aunque culpable e ilegítimo. Otra vez, el personaje masculino será una figura maleable y sin criterio. Carolina ostentará un carácter enérgico motivado por la venganza y el encono hacia su padre.
La última novela, Nada menos que todo un hombre, nos da la impresión de que el personaje masculino, esta vez lleva las riendas en la trama. Alejandro, un hombre rudo, ajeno a la aristocracia, viudo heredero tomará por esposa a la hermosa Julia. La relación de esta pareja se verá contaminada por la incertidumbre de amar y presuntamente no ser correspondida, en el caso de Julia. Aunque Alejandro le provee todo tipo de atenciones, no le expresa verbalmente su afecto. El marido salvaguarda su honor y hombría ante el hecho de la infidelidad de Julia como un estado de locura de ésta para causarle celos. Al final, ante la muerte inminente de su mujer, se devela la autenticidad de su gran amor y se quita la vida para morir junto a ella. El suicidio por amor, un final romántico, que él desdeñaba de las novelas rosa que leía su esposa.
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