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La lectura de Piel de zapa, de Honoré de Balzac es una experiencia literaria rica y reveladora. Desde la primera página, el texto cautiva con un lenguaje gráfico minucioso a tono con unas imágenes dotadas de una plasticidad impecable. Es un relato fantástico pero a su vez es una pieza histórica que presenta un microcosmos de la sociedad francesa de la época narrada con ingenio y erudición. Balzac aspira a contarlo y a resumirlo todo, libertad que pareció encontrar en el género novelesco. La descripción de los personajes se elabora como en un ?primer plano?, una cámara digital de zoom óptico que retrata desde los grandes detalles hasta los más ínfimos, recurso que me parece loable.
El autor es un observador muy diestro en lo que se refiere a los aspectos circunstanciales que rodea las distintas clases sociales. Balzac recrea el prototipo de la sociedad burguesa, la aristocracia frívola impregnada de individualismo y de culto al dinero y la familia de provincia, con esmerado realismo. La novela se mueve en un marco sociológico y a la vez metafísico, de ahí su parentesco con la corriente moderna por el contenido realista y cito el siguiente fragmento: "Tenía, sin duda, demasiada ingenuidad para una sociedad ficticia que vive bajo las luces, que expresa todos sus pensamientos con frases convencionales o palabras que dicta la moda".
Y su vínculo con el romanticismo por el elemento misterioso, mágico y trágico y cito: "He ofrecido el terrible poder que da este talismán a hombres dotados de más energía de la que usted parece tener; pero aun burlándose de la problemática influencia que debía ejercer sobre sus destinos futuros, ninguno ha querido arriesgarse a hacer este contrato tan fatalmente propuesto por ignoro qué potestad".
El texto gira en torno a la vida del joven poeta, Rafael, la cual está marcada por una angustia existencial que lo corroe y lo conduce a pensar en el suicidio, (elementos propios del romanticismo) como escape, hasta que un anticuario, (fascinante personaje que más tarde el propio Rafael comparará con Mefistófeles, personaje que encarna al diablo en Fausto de Goethe) le ofrece la piel de zapa, especie de talismán que cumplirá todos sus deseos a cambio de su vida. De este hecho se desencadenará una serie de eventos que marcarán la trayectoria del protagonista hasta su fatal desenlace. Desde una perspectiva simbólica, Rafael es la representación del espíritu intelectual desilusionado con las promesas de una revolución francesa que culminó con el advenimiento de un gobierno despótico. Dotado de gran sabiduría pero pobre, la piel le proporcionará el placer material y las riquezas. Cuando su muerte es ya inexpugnable, conocerá el verdadero amor en Paulina, ahora rica y enamorada (la Paulina servil y pobre aunque dotada de una candidez y amor puro no le interesó nunca). La ciencia y el conocimiento serán inútiles ante el poder del talismán. ¿Qué son las riquezas, el amor o el conocimiento superior si se está condenado a morir? Parece ser esta interrogante la gran paradoja, la lección sarcástica de esta obra cumbre, precursora de la novela moderna.
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