|
Recuerdo haber leído este libro con once años, ahora tengo diecisiete y aún se me erizan los vellos de pensar las sensaciones que me inundaron al leer esta joya de la literatura. Y digo inundar porque en cada palabra de Hemingway (autor al que admiro) me sentía inundada por el contagioso amor que el viejo protagonista sentía por el océano.
Es un libro que te hace reflexionar sobre la vida, las metas impuestas y el sentido de la libertad y la muerte. Con aquel viejo yo sufría sus fatigas, vivía sus alegrías y el hambre que se hacía patente en sus días de búsqueda tras la huella de un pez enorme que cambiaria su mala racha. Me acuerdo perfectamente de todo lo que relataba el libro y hace seis años de su lectura. Cuando me preguntan cuál es mi libro favorito, a pesar de haber leído muchos más que quizás son mejores, siempre respondo: "El viejo y el mar". Y cuando insiten con el por qué, yo respondo: porque en las páginas de ese libro se puede oler el océano.
|