Hace un año me regalé por navidad el libro "Habrá una vez, antología del cuento joven norteamericano". Como he leído en Internet, el libro es una iniciativa de
Juan Fernando Merino, que se dedicó a recopilar distintos cuentos de autores jóvenes, alguno incluso sin ningún libro publicado, y que luego logró que Alfaguara le editase el proyecto.
Uno de los cuentos de dicha antología es “Una medida temporal”, de la autora Jhumpa Lahiri. En este relato, una pareja decide aprovechar unos cortes de luz en su calle para contarse algunos “secretos”. Hay muchos relatos fantásticos en la antología, no solo este de J. Lahiri, pero lo cierto es que en mi biblioteca pública tenían su libro “Intérprete de emociones” y decidí leerlo.
Para los coleccionistas de títulos, este libro obtuvo el Pulitzer en el 2000 (creo que el primer libro de relatos que lo consigue), así como otros galardones: O’Henry, The New Yorker Book, etc. Quizás me parece excesivo tanto premio, y puestos a pensar mal, la chica es guapa y de una minoría étnica, así que alguien puede pensar en una inteligente campaña de marketing. Lo cierto es que si no hubiese ganado el Pulitzer, seguramente no tendrían en mi biblioteca.
Jhumpa Lahiri nació en Londres en 1967 y actualmente vive en NY. Sus padres son de la India y la mayoría de los relatos del libro se desarrollan en la India o tienen relación con dicha cultura. Sin embargo, pese a que el choque de las distintas tradiciones podrían marcar los distintos cuentos, sus personajes resultan muy cercanos. Aunque se trate de una familia hindú perdida en Norteamérica, lo que sienten los protagonistas podría sucederle a cualquiera. Aunque la narración esté salpicada de detalles de la cultura india, aunque determinadas tradiciones nos provoquen cierto rechazo (las bodas pactadas, etc.), al final de lo que habla Lahiri es de historias universales.
El libro tiene algunos relatos que no me han convencido, sobre todo el segundo, en que describe un momento y la angustia que vivieron algunas personas durante la guerra en el Pakistan Oriental en los 70. Pero hay otros, como el ya citado “Una medida temporal”, o el que da título al libro, “Intérprete de emociones” o “Un durwan de verdad” que son geniales.
Supongo que al leer los relatos de Jhumpa Lahiri puede suceder como con Carver. Hay gente que me ha dicho de este último “pero si no pasa nada. El protagonista llega a la cocina, abre la nevera, la cierra y ya tienes un relato”. Aquí sucede algo parecido, son historias que continúan, pero esa parte nos la perdemos, nos quedamos con la esencia de un momento, con la sensación de haber estado allí, en la misma habitación, en el mismo salón. Cortando verduras con la señora Sen o conduciendo con el señor Kapasi.